Hace unos días hicimos lo que podría llamarse un viaje hacia la añoranza. Desde que murió mi madre no había querido volver a la tierra, pero llegó un momento en que era preciso acabar con esa barrera. En el Levante donde estamos viviendo en la actualidad, todos los recuerdos son recientes y se circunscriben a sucesos que apenas han podido dejar poso en la memoria. Pero el pasado jueves cruzamos la península con destino a Galicia para combatir las meigas propias. A mitad del camino hicimos una parada en Valladolid para estar con una parte importante de las personas que queremos. Fueron unas horas muy intensas, como siempre que vamos, con la intención de estar con todos, sin dejar a nadie en el olvido y disfrutar de su compañía. La primera parada fué en la tienda de Luisina que nos recibió con la habitual lluvia de quejas sobre las ventas que están paradas y sobre esa zorrona que le está robando a su hijo, que se ha aporedado de la voluntad y de la mitad inferior del cuerpo del chico. De allí a comer todos juntos en un restaurante al costado del antiguo hospital militar. Al ver la carta ni dudamos un momento.
martes, octubre 21, 2008
La más bella declaración de amor
Hace unos días hicimos lo que podría llamarse un viaje hacia la añoranza. Desde que murió mi madre no había querido volver a la tierra, pero llegó un momento en que era preciso acabar con esa barrera. En el Levante donde estamos viviendo en la actualidad, todos los recuerdos son recientes y se circunscriben a sucesos que apenas han podido dejar poso en la memoria. Pero el pasado jueves cruzamos la península con destino a Galicia para combatir las meigas propias. A mitad del camino hicimos una parada en Valladolid para estar con una parte importante de las personas que queremos. Fueron unas horas muy intensas, como siempre que vamos, con la intención de estar con todos, sin dejar a nadie en el olvido y disfrutar de su compañía. La primera parada fué en la tienda de Luisina que nos recibió con la habitual lluvia de quejas sobre las ventas que están paradas y sobre esa zorrona que le está robando a su hijo, que se ha aporedado de la voluntad y de la mitad inferior del cuerpo del chico. De allí a comer todos juntos en un restaurante al costado del antiguo hospital militar. Al ver la carta ni dudamos un momento.
miércoles, octubre 15, 2008
Dios castiga....
Dios castiga sin palo, ni piedra. Esta frase era una constante en mi niñez, siempre con el afán de que me portase bien y me arrepientiese hasta de lo que no había hecho. Siempre en los labios de los mayores, hacía que la rabia por haber hecho algo mal, o que así lo considerasen ellos, aumentase hasta llenar el máximo.
Dios castiga sin palo, ni piedra decía mi madre cuando lloraba después de haberme destrozado la rodilla por correr como un loco y no hacerle caso. No importaba para nada la piel desollada de las rodillas, ni el dolor al curarlas con agua oxigenada. Solo preocupaba el pantalón que se había destrozado y la supusta desobediencia que lo había causado.
Te sentías como una marioneta que estuviese sujeta por unos hilos larguísimos e invisibles que iban desde tu cabeza a las manos de un dios oculto allí entre las nubes y que solo se preocupaba de pillarte en un renuncio, en una desobediencia para que, con un simple tirón del cordel, hacerte perder el equilibrio y purgar la desobediencia con el dolor físico y la humillación de sentirte torpe e impotente. Y siempre con la certeza de no poder escapar al castigo divino.
miércoles, octubre 08, 2008
Dame una limosna, payo

Payo, anda, sé bueno, dame una limosna. Por favor, si eres generoso y tienes un poco de caridad, ponme un comentario dejando alguna cosita, que estoy en fase de sequía y no tengo ideas en el tintero para desarrollar. Solo eso. Dos o tres palabras de limosna con las que poder parir algo. Gracias por anticipado.
lunes, octubre 06, 2008
good morning America
Todavía resuenan en la cabeza de Emilio las últimas palabras que le dijo antes de salir de luna de miel con esa suavidad que usa su madre política, por favor, nunca me llames suegra, ahora para tí soy otra madre. Emilio piensa que sería capaz de repetir hasta el milímetro esa frase suave y viscosa al tiempo, con todo el veneno escondido que pretende pasar desapercibido bajo un manto de miel. A ver si a tu vuelta empiezas a trabajar en algo serio, ahora eres el cabeza de familia y no solo va a ser mi hija la que tire del carro.
domingo, octubre 05, 2008
Mearse en Nueva York
Nadie que no tome un diurético comprenderá la urgencia que siente uno de mear al cabo de un tiempo de haberse tomado la pastillita de cada día. Esa gotita que llama a la puerta y que pide salida, esa sensación de que la vegija va a estallar y de que se va a derramar todo en cualquier momento o el deseo de dejar que baje pierna abajo para sentirse liberado sin poder centrarse en nada más, apretando fuerte las piernas como hace un niño que no quiere dejar el juego para irse al baño.
La primera mañana en Nueva York me tomé el correspondiente bagaje de pastillas de cada día, otra jodienda más de los años que se van acumulando y nos lanzamos a iniciar el programa turístico planeado. Y como era domingo, nada mejor que acercarse a Chinatown.
sábado, octubre 04, 2008
Mas recuerdos: La aceña del rey chiquito


Como sucede con frecuencia, una circunstancia anodina permite que se abra el cajón donde teemos guardados un montón de recuerdos de cuando éramos niños. Ya sé que suena a trillado, pero es como tirar de una cereza de un cesto lleno para que salgan una tras otra encadenadas. Esto mismo me sucedió cuando leí un artículo en un diario en el que se recomendaba un circuito turístico por Lugo.
Lugo, el rio Miño, los baños de la infancia, la aceña del rey Chiquito. Como cerezas fueron saliendo uno tras otro los recuerdos.
miércoles, octubre 01, 2008
AMOR A PRIMERA VISTA
El tomate, abocado ya a la vorágine final, recuerda que ya sintió algo especial cuando se dió cuenta que la lechuga estaba a su lado en la balda de la nevera. Y eso que él no es un tomate cualquiera. Ha nacido en una de las matas de las mejores familias de los Raf de los invernaderos de El Ejido. Menudo cambio de la mata en la que se crió tan felíz hasta este lugar donde se encuentraba hasta hace un rato. La verdad es que hacía mucho frío allí dentro pero aún y así no dejó de fijarse en las formas tan sinuosas que tenían las hojas de la lechuga que estaba a su lado, aunque los respectivos plásticos que los ahogaban, no dejaban que la viese bien.
Una vez fuera de su encierro, el tomate sintió que su cuerpo se dilataba de gusto bajo los rayos de sol que entraban por la ventana de la cocina. Que maravilla sentir ese calor de nuevo sobre su cuerpo. De pronto el tomate notó un contacto que lo hizo estremecer. La lechuga que estaba a su lado con aspecto de odalisca lánguida, acarició con sus hojas al tomate, con la suavidad que podían tener los brazos de una sirena y se produjo un chispazo de deseo. El flechazo. El tomate sintió como su zumo se enervaba al tiempo que el cogollo de la lechuga se estremecía también.
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