De pronto se abre la puerta de la consulta de Urgencias y el celador empuja a una viejecita en silla de ruedas. Carita de manzana con mejillas enrojecidas, tal vez por el frío del invierno burgalés, pulcra, con la bolsa de la compra apretada sobre el regazo. Trae un poco de sangre seca en la frente y carita asustada.
La han encontrado por San Julían al lado de la vía del tren, con el susto metido en el cuerpo. Junto a un mojón, colocado con cuidado, están la bolsa de hule con la compra del fin de semana, el abrigo bien doblado, el paraguas plegado y el monedero. Un día más su marido ha montado una bronca porque la pensión no llega para mucho y ella no quiere darle más dinero para que se lo gaste en vino. Y ya está harta. Muy harta. Así que baja al mercado, hace la compra y se encamina hacia la vía. Ya no aguanta más a ese cabrón.






