martes, octubre 11, 2005

La Señorita Asunción y la señortia Maruja


Mi primer colegio estaba al final de la plaza del Campo, en el límite con el barrio de la Tinería donde los niños no podíamos entrar " porque allí estaban las mujeres malas ". Por eso tenía que ir y volver a casa dando un rodeo por la Ruanueva, en lugar de cruzar a derecho como sería lo más lógico. A veces, cuando ya era un poco mayor, no hacía caso a la prohibición y pasaba por el barrio de las putas camino del colegio pues era el mejor sitio para encontar las chapas de los refrescos con los que poder jugar al gua y que estaban tiradas en los callejones. La verdad es que no entendía el motivo de la prohibición pues por las mañanas apenas había gente. Recuerdo una palmera de neón sobre la fachada de un bar que pasaba del azul al rojo entre las nieblas de la mañana y alguna mujer mayor que iba a comprar el pan y la leche, con las zapatillas en chancletas y una bolsa de hule en la mano.
El colegio estaba al fondo de la plaza en una casona situada frente a la fábrica de sifones. Era un antiguo caserón de piedra con un blasón cubierto de musgo sobre la fachada y situado entre balconadas de hierro oxidadas. Un portal largo y oscuro y unas escaleras de madera más oscuras todavía llevaban a las dos habitaciones que hacían el lugar de la escuela. La primera a la que se accedía directamente desde las escaleras era alargada con varios pupitres desvencijados y corridos de pino ásperos sobre los que destacaban los tinteros de porcelana y que daba paso a la otra, más pequeña, donde se sentaba la señorita Asunción tras su mesa. No había servicios asi que, cuando un tenía una urgencia, bajaba a la calle a mear en un callejón que bajaba hacia la muralla.
A la señorita Asunción la recuerdo con gran cariño. Era grande, pechugona, con una melena morena y acaracolada, siempre muy maquillada y vestida con estampados de colores vivos. No sé si es verdad o me lo imagino, pero creo que había sido maestra con la República y fué después represaliada , por lo que vivía de dar clases particulares a los hijos de los amigos a razón de cinco duros al mes. Por las tardes le ayudaba la señorita Maruja, una persona totalmente distinta, rubia, muy elegante y que trabajaba por las mañanas como enfermera en un dispensario. La gente comentaba de ellas que eran pareja y que se relacionaban con personas de moral esquiva....pero eso lo supe siendo mayor.
Cuando era más pequeño empecé a hacer palotes en una pizarra con un marco de madera con ayuda de un pizarrín y, solo a veces, podía escribir con uno llamado " de manteca ", más caro que los otros pero que tenía la ventaja de poderse comer. Los más mayores ya escribían con tinta que se preparaba con agua y unos sobrecitos de polvos y usando plumines de acero.... esto tenía el inconveniente de estar siempre soltando borrones y " esgallando " las puntas.
Si te portabas mal, la señorita te llamaba a su pupitre y te tiraba de los pelos de las sienes " los pelillos de la inteligencia " o, si es tema era más serio, te daba con la regla en los dedos. Un día que el tema debió ser más grave nos dejó cerrados en clase a unos cuantos al mediodía. Solo recuerdo que me meaba mucho y, como no podía aguantar más, me eché al suelo, salé la colita por la pernera del pantalón y meé entre los tablones del suelo.
De mis compañeros solo recuerdo a una niña que llevaba a clase unos frasquitos de muestras de perfumes porque su padre era viajante de droguería y que solo dejaba oler a sus preferidos y a otro chico, creo que se llamaba Celso y era hijo de un médico que vivía en la Alameda al que me encantaba hacer rabiar, que soltaba grititos histéricos no sé si de miedo o de placer, mientres le tiraba de los pelos y que se bebía la tinta de los tinteros .
Una frustación grande es que en mi escuela nunca nos hicieron esa foto con el mapa de España al fondo y el busto de Cervantes a un lado, sobre la mesa...Debo ser de los pocos niños de mi generación que no la han tenido. Allí seguí hasta que hice el examen de Ingreso en el Instituto y todavía recuerdo lo emocionadas que estaban las dos maestras porque el Tribunal me había felicitado por la " buena base que llevaba "
También está el dia que me encontré un billete de cinco duros, unos de color morado, junto a la fuente de san Antonio.....pero eso lo cuento otro día.

2 comentarios:

kingpebble dijo...

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Con mi 51 dijo...

genial! me recuerda a la fraga de Cecebre, en plan casco urbano de pueblo, me gusta.