miércoles, octubre 19, 2005

Tiempo de escarcha


De pronto se abre la puerta de la consulta de Urgencias y el celador empuja a una viejecita en silla de ruedas. Carita de manzana con mejillas enrojecidas, tal vez por el frío del invierno burgalés, pulcra, con la bolsa de la compra apretada sobre el regazo. Trae un poco de sangre seca en la frente y carita asustada.
La han encontrado por San Julían al lado de la vía del tren, con el susto metido en el cuerpo. Junto a un mojón, colocado con cuidado, están la bolsa de hule con la compra del fin de semana, el abrigo bien doblado, el paraguas plegado y el monedero. Un día más su marido ha montado una bronca porque la pensión no llega para mucho y ella no quiere darle más dinero para que se lo gaste en vino. Y ya está harta. Muy harta. Así que baja al mercado, hace la compra y se encamina hacia la vía. Ya no aguanta más a ese cabrón.

martes, octubre 18, 2005

Conocerse


La verdad sea dicha, ponerse a estudiar una tarde de primeros de septiembre no es nada apetecible, sabiendo que todo el mundo está pasándoselo bien en la piscina o en las riberas del río, pero siempre estoy sin una perra en el bolsillo para ir a ninguna parte. Cabezadas ante los apuntes de Patología General, conversaciones mortecinas con los compañeros de estudio, vuelo de moscas.....Creo que lo mejor de todo es largarse a dar una vuelta al Campo Grande, entre el frescor de los árboles, con la posibilidad de encontrar una persona con la que pasar un buen rato...
Pero las cosas son como siempre. Un rato sentado en un banco, miras los hombres que ven pasar, alguna mirada furtida, nada en concreto. Un aburrimiento total. Y llegas a la meta de todos los paseos, la mezquita de " Ven-y-mea ", los urinarios donde siempre es posible encontrar alguien perdido como yo, un edificio de ladrillo neo-neo-mudejar que después fue derribado para poner en su lugar un mazacote gris.

domingo, octubre 16, 2005

El color del amor


Ayer oí preguntar ¿ cual es el color que tiene el amor ?. No sé, pero se me ha quedado prendida la idea y no hago más que darle vueltas y no me decido a adjudicarle ningún color en concreto. Si sé los que no quiero darle ( un marron, un gris.....). Imagino que ha de tener colores nítidos aunque tampoco estoy muy seguro. Creo que el color ideal para mi es el de una luna llena a finales de verano, inmensa y dorada con el color del cobre viejo, en la que se mezcla el rojo de la pasión con el dorado de lo eterno.....Todo menos el negro de la desazón o el blanco de la indiferencia. Y para ti ¿ que color crees que tiene ?

sábado, octubre 15, 2005

La calle Nogal


La calle Nogal tal como yo la he conocido cuando llegué a Valladolid a principio de los 70, era una calle estrecha y sin nada especial con edificios altos y feos a los lados, poco más que una vía de paso entre la calle Labradores y la calle Panaderos, muy cerca de las tapias de la estación de ferrocarril. Pero le he oido tantas y tantas veces a Alfonso hablar de ella, que me la imagino como era unos veinte años antes. Casas bajas, molineras, con patios oscuros y poca luz en su interior por lo que la vida se volcaba hacía fuera, en viviendas sin llaves ni puertas cerradas donde todo se podía compartir.

miércoles, octubre 12, 2005

¡¡¡¡ Ay el dinero !!!!



¿ Que sentirías hoy día si, siendo un crío, te encontrases con un billete de 100 euros tirado en la calle ?. Pues eso mismo sentí cuando una mañana me encontré un billete de 25 pesetas al pié de la fuente de San Antonio?. Un arrugado billete de cinco duros de color morado y que ¡¡¡ maravilla de las maravillas ¡¡¡ estaba en el suelo enfrente mismo de la pasteleria de la Plaza del Campo.
No sé cuantas delicias me permitió comprar los días que tardé en gastar la mayoría del dinero, pero sí recuerdo que los bollos suizos valían cincuenta céntimos y había unos caramelos en forma de vieira con una cubierta de oblea y que eran la mayor de las delicias pues se podían chupar durante mucho tiempo.
En casa no se enteraron del hallazgo hasta que me quedaba muy poco dinero para gastar y, como era de rigor, hubo la consiguiente panadera, no sé muy bien si por no ser honrado y no intentar devolver el dinero a su legítimo dueño o por gastármelo sin decir nada a nadie.

martes, octubre 11, 2005

Por que me encanta ir de compras al super ?


Pues no lo sé bien,pero agarro el carrito de la compra, saco la lista de la compra y me siento mas relajado que si me tomase un " tranki " sublingual. En casa eramos tres chicos y aunque en esa época estaba mal visto hacer labores " propias del sexo " ( vamos, del sexo femenino ) cada hermano nos especializamos en una tarea.
A mi me encantaba ir a hacer los recados. Uno de mis lugares preferidos era sin dudarlo la droguería " Guerra " que estaba en unos soportales muy cerca de la Plaza de Abastos.

La Señorita Asunción y la señortia Maruja


Mi primer colegio estaba al final de la plaza del Campo, en el límite con el barrio de la Tinería donde los niños no podíamos entrar " porque allí estaban las mujeres malas ". Por eso tenía que ir y volver a casa dando un rodeo por la Ruanueva, en lugar de cruzar a derecho como sería lo más lógico. A veces, cuando ya era un poco mayor, no hacía caso a la prohibición y pasaba por el barrio de las putas camino del colegio pues era el mejor sitio para encontar las chapas de los refrescos con los que poder jugar al gua y que estaban tiradas en los callejones. La verdad es que no entendía el motivo de la prohibición pues por las mañanas apenas había gente. Recuerdo una palmera de neón sobre la fachada de un bar que pasaba del azul al rojo entre las nieblas de la mañana y alguna mujer mayor que iba a comprar el pan y la leche, con las zapatillas en chancletas y una bolsa de hule en la mano.

lunes, octubre 10, 2005

El difunto Mora


Esta historia se la debo a mi amigo Félix, cuyo pueblo es una fuente inagotable de historias de un " realismo mágico " como díce él. La pena es no poder oirle el relato de viva voz para captar toda su gracia....
El difunto Mora consiguió trabajo en la reparación de la vía del tren, por lo que se le hizo imprescindible conseguir un medio de transporte, pues su casa estaba a más de 10 kms. del sitio de trabajo. Vivía en la parte alta del pueblo, en el barrio de San Antón, el de los pobres, por lo que tenía un buen trecho hasta el tajo para llegar al paso cansino de la yegua. Así que reunió las cuatro perras como pudo, firmó un montón de letras y se compró una reluciente motocicleta en Aranda.
En casa todos esperaban con impaciencia su vuelta. De pronto uno de los hijos comenzó a gritar " ¡¡ Madre, ahí viene padre ¡¡ " mientras la motrocicleta rugía cuesta arriba.....Todos salieron corriendo a la puerta y el difunto Mora pasó de largo por la puerta de casa...." ¡¡¡ Madre, se ha ido padre ¡¡¡ ".
Al rato se repitió la misma escena: rugido de moto cuesta arriba y todos a la puerta al grito de " ¡¡ Madre ahi viene padre ¡¡¡ " y nueva decepción al ver que pasaba de largo " ¡¡ Madre, se ha ido padre ¡¡"...... y así varias veces seguidas.
Finalmente lo vieron quedarse dando vueltas en la era que estaba al pié de la cuesta hasta que la motocicleta se paró y el difunto Mora bajó de la moto....Fueron sus hijos corriendo a ver que pasaba....en Aranda le habían explicado como se arrancaba la moto pero no como se paraba y asi estuvo, dando vueltas y más vueltas, hasta que se quedó sin combustible....
Y habrá más historias....

viernes, octubre 07, 2005

El camion



Desde que comencé a darle vueltas a la cabeza con esto de escribir relatos esta es una de las ideas que siempre he querido desarrollar. Son trata de tres hermanos jubilados que sueñan con vivir en el Caribe o, al menos, en un lugar lejos de las nieblas y de los fríos de su ciudad pero las pensiones apenas les dan para malvivir hasta final de mes. Están hartos de perder dinero semana tras semana con la " primitiva " y en cuanto a los " ciegos " parece que miran para otro lado cada día que juegan...No hacen más que darle vueltas a la cabeza al modo de conseguir su sueño hasta que al mediano, que siempre ha sido el más espabilado, les propone a sus hermanos un plan que se le ha ocurrido durante la noche entre las brumas del insomnio: se trata contratar un seguro de vida y que uno se sacrifique para que los otros dos puedan realizar el sueño.