miércoles, diciembre 22, 2021

CUENTO NAVIDAD 2021

 Por las llanuras de Palestina avanza lenta y majestuosa una caravana. Una larga y sinuosa fila de camellos se mueve oscilando como si fuesen buques que cabecean suavemente mecidas por las olas del mar. Entre ellos se mueven una serie de sirvientes vestidos con ropajes llenos de colorido que se afanan por mantener el orden en la comitiva. La mayoría de los camellos llevan sobre su grupa todo el equipamiento para hacer más cómoda la travesía, salvo tres de ellos que están ocupados por unos personajes que, a pesar de todo lo penoso que es el trayecto, no pueden ocultar su majestuosidad. 



Ropas multicolores, relumbrón de oro y piedras envuelven a esos tres personajes. El primero es un anciano muy pálido que lleva una luenga barba blanca, tan blanca  como las nieves que cubren la cima del monte Damavand de su Persia natal. Un poco más atrás le sigue un personaje de mediana edad, piel atezada y de aspecto grave con una barba cobriza que no puede ocultar su procedencia de la lejana India. Por último, el tercero es un personaje mucho más joven que se mueve como un felino y cuya tez oscura indica su procedencia de la cercana península arábiga.

Y sobre la comitiva se extiende majestuosamente una estrella que luce con fuerza día y noche permitiendo el avance de la caravana sin importar la hora del día. Es una especie de inmensa bola de fuego que arrastra tras si una larga cola tan luminosa como el resto de la estrella y que no abandona la comitiva desde que esta se formó cuando confluyeron los caminos de los tres reyes en algún lugar de la frontera palestina, en lo que pasado el tiempo seria el reino jordano. 




Al final de cada etapa se reúnen los reyes en la tienda de Melchor entre nubes de humo que sueltan los grandes braseros de bronce con los que se intenta caldear el ambiente tan frío de las noches,  bien arrebujados en mantos de pieles. Allí reciben al guía de la caravana que les informa sobre las etapas que faltan para llegar a su incierto destino. Pero hoy es un día especial pues la caravana ha llegado a los arrabales de la mítica ciudad de Jerusalén y ya sienten que están mucho más cerca de su destino. 

Mas esta noche se ha producido un suceso extraordinario del que son informados los reyes entre lamentos del guía y es que, de modo inexplicable la luz que los guiaba día y noche se ha esfumado y todo el campamento está sumido en la mayor de las tinieblas. Y si no hay luz, no hay nada ni nadie que lleve a los reyes a donde esperan llegar. Se asoman a la puerta de la tienda y no se ve nada, la noche mas negra les envuelve mientras se oyen los ronquidos lastimeros de los camellos y solo a lo lejos se divisa el resplandor de la ciudad.





Ante el desconcierto de los reyes que no sabían que camino deberían seguir a partir de ese momento, al  guía de la caravana se le ocurrió enviar mensajeros a la cercana ciudad encomendándoles que se informasen  que había sucedido, mientras a otro grupo más reducido los encaminó al castillo del rey Herodes que, colgando de un picacho escarpado, asemejaba un buitre dispuesto a abatirse sobre la ciudad.  

Después de horas de incertidumbre aparecieron los mensajeros que habían subido al castillo de Herodes. Ni este ni nadie de su corte tenían ni idea del origen de esa extraña luz que había acompañado a los reyes ni de su súbito apagón, pero uno de los cortesanos informó del gran descontento que se había generado entre los fabricantes de velas de Jerusalén cuyas ventas habían caído en picado a la llegada de la extraña estrella. Herodes se ofreció a ayudarlos en su misión a cambio de información del lugar a donde pensaban llegar y sobre el niño que estaban buscando.





Poco después llegaron un par de los mensajeros enviados a la ciudad maltrechos y medio desharrapados. Al preguntar donde estaban el resto de sus compañeros no hicieron más que balbucear excusas: que si había muchas tabernas, que si el vino de Judea era barato y muy fuerte, que si las mozas del lugar eran bellas y aguerridas...En cuanto al motivo de la desaparición de la estrella parecía ser que había turbios movimientos de las multinacionales energéticas ( Judeadrola, Fejudianosa, Endeshebrea) aliadas con los jeques del petróleo del Golfo y con los dueños de los gaseoductos rusos, todos los cuales pretendían someter a la población poniendo el precio de los combustibles por las nubes y nunca mejor dicho y que serían los responsables de sabotear a luz estelar.

Así que, o bien los fabricantes de velas o bien las multinacionales se habían encargado de apagar la estrella para tener a la gente bajo el control. Tras un rato de desconcierto el rey Melchor, el anciano de las barbas blancas como la nieve, mostró un par de pergaminos que tenía ocultos entre los pliegues de su manto: un catálogo de Levy-Merlín y otro de Brico-Judea donde se exponían los más sofisticados generadores movidos a brazo. Uno de los pajes informó que estaban muy cerca de un centro comercial y allá se dirigieron los tres reyes seguidos de unos pajes, con tan gran fortuna que, por ser el día del socio, consiguieron la compra con gran descuento.





Volvieron alborozados a donde esperaban los camellos y los sirvientes. Escogieron a los más fuertes de estos para que pusiesen en marcha los generadores que conectaron con hilos de cobre al corazón de la estrella y, de modo casi milagroso, la estrella empezó a parpadear hasta recuperar todo su poderío inundando las sombras con su luz. Sin más se pusieron en marcha sin decir nada del Niño a Herodes que estaba entretenido en su palacio viendo bailar a su hijastra y que no hacía nada más que babear viéndola cimbrearse como un junco del Jordán.





Y el resto ya se conoce. Siguiendo de nuevo a la estrella, llegaron los reyes a las afueras del pequeño pueblo de Belén y allí, en un aprisco medio derruido encontraron a María, José y el Niño rodeados de un coro de ángeles que cantaba con más entusiasmo que mérito " las muñecas de Famosa se dirigen al portal... ". Los reyes bajando de sus camellos, se acercaron a donde estaba la familia, se postraron de hinojos e hicieron sus ofrendas tal como marcaba la costumbre.

Que fue del oro, incienso y mirra que presentaron al Niño ya lo sabremos en otra ocasión. 




1 comentario:

Igor Meneses dijo...

Muy creativo el relato, en verdad lo disfrute. Saludos desde Panamá. Te deseo un feliz año 2022