viernes, octubre 23, 2009

EL PAIS DE LAS PEQUEÑAS MANZANAS ROJAS


Conocer Rumania y sus gentes ha sido una experiencia cuanto menos sorprendente y muy agradable. Ignoro como puede ser el resto del año pero la época en la que fuimos, principios del otoño, ha sido perfecta en cuanto el buen tiempo nos acompañó casi todos los días y la exuberante vegetación se viste con los mejores tonos del verde al dorado. Lejos de los tópicos en los que nos movemos los mortales ni hay mendigos agobiándote por las calles, ni sensación de peligro en ellas, ni nos robaron en parte alguna o nos timaron tal como nos vaticinaban los agoreros. Incluso ni nos mordió el conde Drácula. La gente es muy amable, apenas si tuvimos un par de conflictos menores en los quince días y si alguien cree verte perdido en la calle se acerca para ayudar.

viernes, octubre 16, 2009

Maria Corfus y Maria Lazar


En un pequeño cementerio a las afueras de la ciudad de Putna, en el norte de Rumanía y muy cerca ya de la frontera ucraniana, de pronto me llamó la atención la fotografia con el rostro de dos mujeres jóvenes que estaba situada en una tumba medio oculta por las ramas de un manzano cargado de fruta. La primera idea fue pensar que podían ser madre e hija o dos hermanas, pero me produjo una tremenda curiosidad que historia podría esconderse tras esos rostros, aunque siempre pensando que tienen que ocultar una historia triste.
Ahora, ya de vuelta a casa, al observar con calma las fechas de su nacimiento y muerte de ambas, veo que no es posible ninguno de esos parentescos citados inicialmente y que en ningún momento han podido llegar a conocerse físicamente. Se me ocurre pensar que pueden ser tía y sobrina pero lo que si mantengo es la idea de que detrás de esos rostros se esconde una historia triste. Como siempre que veo una cara que se cruza conmigo inmediatamente fabulo la vida que puede haber detrás aunque, como es lógico, siempre me confunda. Lo que si está claro que en aquellos años y por esta zona las cosas no debieron de ser nada fáciles para ellas.

sábado, octubre 10, 2009

Curioso que soy


Una de las curiosidades que siempre me intrigaron desde crío fué saber que sería lo último en exixtir. O el hombre que abrazaba entre sus brazos la botella de agua de " Mondariz " o la etiqueta de la botella que tenía dentro al hombre que sostenía la botella en la cual había un hombre que abrazaba la botella.....Y así las figuras de hombre y botella se van haciendo cada vez más pequeñas hasta que el ojo humano no las puede descubrir y se precisa recurrir primero a una lupa y despues a un microscopio simple para seguir con otro electrónico hasta llegar un momento en que ya nada permite verlos y tenemos que recurrir a la fe para saber que se sigue repitiendo hombre y botella hasta el infinito. Tal vez el último de los hombres pueda meterse dentro de una burbuja y se sienta en su interior con un corcho que voltease entre las olas del mar o subirse a los lomos de una hormiga y sentirse como un hombre prehistórico que se pasease en el lomo de un mamut.


Nota: pido perdón a la empresa por apropiarse de su logotipo para esta chorradilla de sobremesa que por cierto escribí sin haberme puesto ciego a alcóhol en la comida. Otra cosa: está de primera.

La venganza del tomtom


Genaro se cree el rey del mundo ahora que tiene coche nuevo, un Nissan Infiniti plateado al que piensa tunear en cuanto se ponga al día con la montonera de plazos que tiene que pagar. Su chica, la Manely, le ha regalado un navegador de esos para librarse sobre todo de los radares porque le gusta darle pastilla al cacharro. pero a un tío como él que se las sabe todas le toca los cojones que una voz amariconada le esté repitiendo cada poco que se pasa de velocidad o que debe torcer a la derecha en la segunda rotonda. Así que cuando se le hinchan los cojones, lo desconecta y lo mete en la guantera mientras le suelta una serie de lindezas.

Cocidito murciano


Doña Lita puso la sopera en el centro de la mesa con un golpe seco mientras echaba una mirada en rededor suyo. Su marido, Cristobito, que parecia una lombriz con lentes, fijó la mirada en el plato porque la experiencia le dictaba que cuando su mujer erizaba la ceja izquierda lo mejor era pasar desapercibido, así que se puso a contar inexistentes moscas sobre el mantel. Flori, la hija mayor, se pintaba las uñas de los piés con esmalte morado dividiendo su atención entre ese ejercio artístico y los chismes del corazón que ponían justo antes de las noticias. Manu, el menor de sus tres hijos, estaba en su mundo con los cascos puestos oyendo la última canción de El Chivi.

Fabiolita


Fabiolita levantó la vista del plato con las lentejas que estaba limpiando para la comida, cuando medio oyó el ruido que hacía el bote de leche condensada que rodaba por el pasillo y que indicaba que don Danilieto ya se había despertado. Desde que el malnacido de su marido la había dejado sorda de un bofetón ya va para veinte años, apenas si escuchaba ruidos fuertes por lo que su señorito recurría a ese sistema para hacerse notar.
Fabiolita llevaba cinco años en España, de ellos estos últimos tres en casa de este señorito baboso que no buscaba más que manosearla a todas horas, sin respetar que era una viuda que tenía que trabajar muy duro para poder mandar platita a su hija que allá, en Ciudad Esmeralda, tenia a cuatro gazapitos que sacar adelante.