
Conocer Rumania y sus gentes ha sido una experiencia cuanto menos sorprendente y muy agradable. Ignoro como puede ser el resto del año pero la época en la que fuimos, principios del otoño, ha sido perfecta en cuanto el buen tiempo nos acompañó casi todos los días y la exuberante vegetación se viste con los mejores tonos del verde al dorado. Lejos de los tópicos en los que nos movemos los mortales ni hay mendigos agobiándote por las calles, ni sensación de peligro en ellas, ni nos robaron en parte alguna o nos timaron tal como nos vaticinaban los agoreros. Incluso ni nos mordió el conde Drácula. La gente es muy amable, apenas si tuvimos un par de conflictos menores en los quince días y si alguien cree verte perdido en la calle se acerca para ayudar.




