jueves, agosto 28, 2008

Que fácil es dejar de fumar....o eso dicen


Llegó un momento en que me sentido agobiado por el tabaco, pero no porque tuviese catarros o esa tos de fumador que tanto jode al levantarse, no. A mí lo que me tenía de los nervios era el dominio de la pipa sobre mi, el tener que encenderla siempre en momentos determinados como si se tratase de un ritual, con el café de las mañanas o al ponerme a planchar o tras las comidas, o al pasear con los perros, o..... El hecho de dejar a posta la pipa en casa y terminar la consulta a trompicones para subir a buscarla en el rato del desayuno y bajar de nuevo a la consulta, fumando como un desesperado alternando las bocanadas con los mordiscos que le daba a una fruta y que iba a ser mi desayuno de ese día. O la peregrinación por todos los estancos de la ciudad para ver si había llegado la saqueta de reparto y tenían " Clam " porque, encima, solo me gustaba fumar de esa determinada marca y cuando se acababa me ponía de los nervios. O calentaba hojas de te envueltas en papel de aluminio para intentar fumarlas cuando no tenía tabaco a mano.

Para leer mientras se oye el requiem de brahms




I. Bienaventurados los que padecen,
pues ellos serán consolados.
(Mateo 5.4)

Rosa no necesita ir al médico para saber lo que le pasa. Ya ha parido tres veces y lo que siente ahora le dice que, como no ponga remedio, pronto tendrá al cuarto hijo berreando. El cabrón del Mateo lo ha hecho bien, primero la preña y después desaparece, así reviente como un odre podrido. No hay ya más escaleras para fregar, ni más portales que barrer, porque el día tiene 24 horas y su cuerpo no da más de sí. Bueno, ahora sí que dará cuando se vaya ensanchando todo, las caderas redondeándose, la tripa cada vez más altiva y se le pongan las tetas como ollas. Y no quiere. No quiere, ni puede con más. Ya abortó una vez y lo pasó muy mal. Todavía resuenan en sus oidos los insultos del párroco de su aldea cuando se enteró que una comadre le había subido la paletilla para ocultar una preñez que no le daría nada más que disgustos. Por eso tuvo que hacer el hatillo y salir de su pueblo. ¿ Y ahora le tocará lo mismo ?. De nuevo oye como los de siempre llaman asesinos a personas como ella, personas que ya no pueden más y no buscan consuelo. Tan solo que las dejen en paz.

martes, agosto 26, 2008

¡ QUIERO IR AL ESCORIAL ¡


No hay forma de que salga de aquí. Llevo más de un mes diciendo que quiero que me lleven a la casita de El Escorial y ninguno de mis hijos me hace caso. Ahora no se te puede llevar , estamos todos ocupadísimos y allí no tendrás quien te cuide, me dicen las lerchas de mis hijas. Si no fuera por la religión, por la fé que todavía me queda y el miedo a condenarme, ya me habría tirado por esa ventana. Te lo aseguro. Aunque no sé como te lo digo a tí, comunista, que tú tienes que ser una comunista de lo más perdido, que hasta te haces la señal de la cruz al revés y no sabes ni responder a las letanías .
Doña Rosalía deja el rosario sobre la mesita auxiliar que está a la derecha de su poltrona y coge el abanico para darse aire con rabia. Sus piernas desnudas como columnas cilíndricas del mismo grosor de arriba a abajo, se afianzan descalsas sobre las baldosas para compensar el calor que la agobia.

domingo, agosto 24, 2008

En un rincón del jardín


En un rincón del jardín de mis abuelos había un jinjolero que a finales de agosto se llenaba de frutos poco mayores que guindas que cuando alcanzaban el color del cuero viejo estaban en su mejor momento y que, tanto era lo que me gustaban, que nadie más de la casa los comía. Al atardecer me sentaba a los piés del árbolillo sobre una vieja manta de cuadros, apoyando la espalda en una losa que hacía las veces de banco mientras leía una novela de aventuras y de vez en cuando, me ponía de pié para recoger uno puñado de los frutos que veía más maduros, y me tumbaba de nuevo en el solysombra del atardecer dejando que mis piernas cobrasen color de bronce por el sol decreciente, saboreándolos con parsimonia mientras me emocionaba con Tom Sawyer o, las más de las veces, con una novela del oeste en la cual el guapo marshall de seis pies y medio, casi siete de alto, dejaba decansar su revolver hasta ese momento al rojo vivo y abandonaba el pueblo minero entre el agradecimiento de las gentes de bien con la rubia maestrita a la que había rendido locamente, los dos a lomos del del fiel caballo perdiéndose lentamente en un horizonte de cine de technicolor.

sábado, agosto 16, 2008

El muerto al hoyo....


Don Ataulfo sacudió las piernas como si fuese un conejo mientras daba un gritito que Marijuani interpretó como que por fín ya se había desahogado el señorito, hasta que se dió cuenta de que la picha se aflojaba rápidamente dentro de ella y de que el cuerpo del señor pesaba como si estuviese muerto. Y eso pasaba. Don Ataulfo tal vez por el esfuerzo realizado esa noche, tal vez porque el corazón estaba gastado de más o por el capón que se zampó a la cena, pasó al otro mundo con la tripa llena y el alma feliz y relajada.

jueves, agosto 14, 2008

Puestos a pedir...


Quiero que cuando me muera, después de aprovechar todos los menudillos que puedan ser medianamente útiles para otros, con el resto que hagan cenizas y las guarden en una urna chiquita, pero en lugar de pedir que las tiren en medio del Mar de los Sargazos o desde las cumbres del Kilimanjaro, prefiero que esa cajita la empotren en el pecho de una de esas estatuas de bronce que proliferan por todas las ciudades. A ser posible, en el lugar que debería ocupar el corazón.
Pero no quiero que sea en una estatua cualquiera de esas de algún procer local, estadista de segunda, militar de alguna gesta deslucida o poeta que yace en el olvido. No. Yo quiero formar parte de una de esas estatuas que se encontramos comodamente sentadas comodamente en un banco de la vía publica, con una pierna montada sobre la otra en actitud relajada y que parecen mirar con una mezcla de curiosidad y de indiferencia a todo el que pasa. De este modo podré seguir formando parte del mundo que me rodea y saciar mi inmensa curiosidad. Ya sé que no podré meter baza en las conversaciones, pero al menos oiré lo que le pasa a la gente que se siente un rato al lado de la estatua.
La abuela que vuelve renqueante del mercado y que se sienta un ratito con las manos apoyadas en el carrito de la compra para que descansen sus piernas cansadas de vivir. O el turista gracioso que quiere hacerse la foto de rigor poniéndole los cuernos a la estatua. O el jubilado que saca la bolsa de pan del bolsilo de la gabardina para ver como se arremolinan las palomas a su alrededor. O la pareja de novios que se sienta al amanecer, despues de una noche de marcha, para sentir el morbo de metese mano teniendo un tercero a su lado...Y si la pasión es muy grande tal vez mis cenizas se animen y consigan insuflar algo de vida a la entrepierna de la estatua.
Y ya, puestos a pedir, que pasen muchos años hasta que mi deseo tenga que ser llevado a cabo. Y, mientras, seguir con las neuronas lo más juguetonas posible....

domingo, agosto 10, 2008

Canción de juventud


Es noche de verano, la brisa hace mover las hojas de la buganvilla y una luna llena de oro viejo señorea el cielo. Estamos en la sobremesa, los cafelitos y las copas delante, propiciando la hora de las charlas más o menos sin sentido. De pronto la nena, con esa voz de ingenua tonta que tenía su gracia en la adolescencia pero que ahora le hace parecer una mema redomada, pontifica que los jóvenes de hoy día están podridos, que actúan de modo ilegal y que las discotecas son un antro de corrupción, pues se practica todo tipo de sexo en ellas y los mozalbetes y mpzalbetas se ponen hasta el culo de todo tipo de substancias quimicas.