Erase que se era un niño muy pobre, muy pobre, tan pobre que no tenía ni una mísera Nintendo para jugar, ni una madre que lo cuidara, ni una familia que le hiciera la puñeta, ni nunca había comido caliente y desconocía lo que era el calor de un hogar y dormir sobre una cama mullida. Un niño tan pobre que mal se vestía con cuatro harapos que había ido recogiendo de los contenedores de basura, que comía las sobras que dejaban en las traseras del " Burger king " y que nunca había conocido las exigencias de una maestra con perturbaciones de carácter debidas a sus desarreglos hormonales y que, por tanto, tenía una ignorancia supina sobre los cortornos geográficos de su comunidad, las reglas de ortografía, las matemáticas modernas y de todas aquellas cosas aparentemenete útiles con las que atiborramos la cabeza de las tiernas criaturitas. Por no saber, no sabía quien era Pocoyó ni los Simpsom.
lunes, julio 07, 2008
la manzana de oro
Erase que se era un niño muy pobre, muy pobre, tan pobre que no tenía ni una mísera Nintendo para jugar, ni una madre que lo cuidara, ni una familia que le hiciera la puñeta, ni nunca había comido caliente y desconocía lo que era el calor de un hogar y dormir sobre una cama mullida. Un niño tan pobre que mal se vestía con cuatro harapos que había ido recogiendo de los contenedores de basura, que comía las sobras que dejaban en las traseras del " Burger king " y que nunca había conocido las exigencias de una maestra con perturbaciones de carácter debidas a sus desarreglos hormonales y que, por tanto, tenía una ignorancia supina sobre los cortornos geográficos de su comunidad, las reglas de ortografía, las matemáticas modernas y de todas aquellas cosas aparentemenete útiles con las que atiborramos la cabeza de las tiernas criaturitas. Por no saber, no sabía quien era Pocoyó ni los Simpsom.
domingo, julio 06, 2008
Aunque no me creas, es verdad
¡¡ Rubiaaaaaaaaaaaaaa ¡¡. Rubia, rubia y rubia. Te lo digo yo. No sé porque dices lo contrario. Rubia como una nódica, hija, que eres una envidiosa. Que siempre el tenido el pelo más rubio que una de esas suecas de las películas. Que ya le decían a mi madre cuando yo era pequeña, que era imposible que tuviese ese pelo tan claro, que seguro que me lo lavaba con manzanilla y lo aclaraba con agua oxigenada. Que parecía esa artista de cine, la Marilín.
Lástima que no esté con vida mi pobre madre para que te diga que tengo razón. Aunque no me creas, es verdad. Que yo no miento. Mira esta foto de cuando era niña jugando en la carretera de Betanzos y esta otra bajo el castaño de la iglesia. Ya, claro, no se ve nada porque son muy viejas y se han vuelto borrosas. Pero es que los años no perdonan. No tienes más que mirarte al espejo, hija. Aunque ahora no tenga más que cuatro pelos y me los tenga que tapar con una peluca, te aseguro que mi melena era una maravilla que llamaba la atención a la salida de la misa, todas las mujeres me acariciaban los rizos y le decían a mi madre con admiración y un poco de rabia que como tenía ese pelo, que ni las señoritas del Pazo lo tenían tan fino, a pesar de ir a la peluquera en Santiago.
Morenas eran las aldeanas, que tenían la piel como cuero, pero yo era blanca como una princesa de cuento y cada vez que sacudía mi melena, hasta el sol se moría de envidia. Y si no me lo crees, soy capaz de bajarme las bragas para que veas como son los pelos que me quedan, pero no quiero que te rias más de mi...
viernes, julio 04, 2008
La castidad en España
" ¿ Sabes de que me he enterado, que Fede ha puesto su foto en una página de contactos ? ", me dice entre escandalizado y sorprendido um amigo común. " Me parece muy bien que sea maricón, pero lo haga en privado, no comprendo como puede poner su cara en un medio público, allá él como se lo monte en su casa, pero que no se entere nadie. Un cura puede hacer con su polla lo que quiera, pero a escondidas ".
Y una vez más me descoloca la lógica de estos catoliquillos que van de liberales por la vida. No importa que el cura haga algo en contra de los principios de su empresa, con tal de que no escandalice a nadie. Lo que me decían en el Opus: " los trapos sucios, se lavan en casa ".
miércoles, julio 02, 2008
La camada
A pesar del airecillo que entra por la ventana, César no logra descansar en la cama, esta noche no le viene el sueño ni a la de tres. Vueltas y más vueltas, ya ha estirado las sábanas por tres veces y de nuevo las tiene hechas un rebujo. No debía haber cenado tanto. Tiene la pizza de anchoas atragantada en mitad del bandullo y se siente como una boa en plena digestión. Se rasca los pelos del pecho, su tripa sube y baja como una cafetera asmática y ya no sabe si levantarse de nuevo y largarse un Macallam. Y además, está el misterio de los calzoncillos. No se lo explica, esta semana han desaparecido dos de los que se había comprado en las rebajas y eran de marca, le costaron un pastón.
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