
Sin saber como, cada vez que nombramos una ciudad ya conocida nos viene a la memoria un recuerdo, un fogonazo sobre un instante vivido en ella y que pudo ser muy breve pero que se grabó muy a fondo para siempre y que no tiene por que tener ninguna relacion con los tópicos que la acompañan. Eso mismo me sucede con Sevilla.
La primera vez que fuimos a Sevilla fué en los últimos días del 92, una vez terminanada la época que nosotros considerábamos de autobombo gubernamental, aunque de este modo nos castigamos sin ver la Expo de la que todo el mundo contaba mil y una cosas..... Siempre que pienso en Sevilla hay dos cosas que me vienen a la cabeza.
Una es algo tan simple como el sabor amargo de sus naranjas. En invierno toda la ciudad esta llena de naranjos rebosantes de fruta y para mi desgracia saben muy amargas pues le claveéel diente a más de una. Y me pareció tamaño despilfarro ver las calles regadas de fruta y no poder comerlas...


