viernes, marzo 30, 2018

El insomnio

He leído no sé donde que, según cuentan las leyendas de viejas, cuando una persona no logra conciliar el sueño es porque en esos momentos esta participando en el sueño de otra persona que está soñando con él. Esta noche me he desvelado sin ningún motivo que lo justifique, el tiempo pasa y el sueño no llega, pero me siento tranquilo. Nunca me ha desazonado el despertarme pronto o dormirme tarde. La cama es un refugio cálido y amable, pegado a mi siento el calor de la persona con la que he compartido toda la vida y ese contacto y ese calor me dan confianza y serenidad.





Pero hay algo que me desazona y es el no saber en que sueño estaré participando ahora, que aventura puedo estar corriendo y guiado por quien, lo que me jode es perderme esa película. De modo reiterado he escrito sobre los sueños en mi blog, es un mundo que me fascina porque en ellos he vivido aventuras maravillosas, he recorrido países fascinantes, he disparado las fotografías mejores de mi vida y todo ello sin moverme de la cama. Por eso me inquieta saber que sueño me puedo estar perdiendo ahora y desconocer la persona que disfrute de mi presencia en su sueño.
¿ Será la persona que está durmiendo a mi lado ?. eso me parece algo demasiados sencillo pero me vuelvo hacia él para comprobar que respira relajado en el mejor de los sueños. ¿ Soñarán los perros ?. Oigo como resopla nuestra perra Puck en el cojín tirado en el suelo, muy cerca del radiador para no perderse ni un ápice del calor. Me levanto a observarla pero no tiene aspecto de soñar con nada.
Vuelvo al cálido refugio de la cama, siento como mi compañero se pega a mi de nuevo y agarro el libro para que me facilite el sueño. Pero ahora estoy leyendo unos relatos de Camilleri que, dada su amenidad, no hacen más que aumentar el deseo de seguir leyendo.



De pronto me acuerdo de que tengo un compañero de sueños, un holandés que solo he conocido de modo virtual pero que comparte mi fascinación por el mundo onírico y al que hace un tiempo le he perdido la pista, no se si por dejadez mía o de ambos. Pero no desespero de volver a contactar con él.  ¿ Estaremos ahora pedaleando en bicicleta por los Pirineos o tomando una ginebra en un pub de Amsterdam ?. Y esto me hace recordar los amigos, las personas queridas que pueden estar pensando en mi. O tal vez sea ese desconocido con el que coincidido esta mañana en el mercado, esperando a comprar fruta.
Poco a poco noto que los párpados se hacen más pesados y las muñecas más livianas, pues ya me dado con el libro en la cara tres veces...apago la luz, me pongo de lado y me acoplo bien a mi compañero. Ya no recuerdo más. Cuando la luz entra por las rendijas de la persiana me despierto y atrapo los retazos de mi sueño. A veces este ha sido tan intenso que, cuando me despierto creo estar inmerso en lo soñado y que esto está sucediendo en la realidad, como si me negase a que no sea real,  que no sea más que sueño.




Como sucedió hace unos días: en mi sueño sabía que se había terminado mi vida y que estaba esperando a esfumarme, a que alguien diera la orden de hacerme pasar a otro ámbito. Pero todo esto lo vivía sin angustia, como si hubiese acabado el ciclo y esperase a que me cortaran el hilo pero que al encargado de hacerlo se le había olvidado su tarea y que cada segundo que pasaba sin que sucediese es como si me lo regalasen. Al despertar la sensación fue tan intensa que a lo largo de la mañana me venía el recuerdo a la mente y tenía que desecharlo de un manotazo. Pero habitualmente sueño bonito, como la pasada noche en la que estaba en la playa gallega donde jugué tantos días cuando era niño. Con la marea baja había ido con un caldero de hojalata a coger minchas en A Pena da Herba y después me paré a coger camarones con un ganapán en una poza de la roca y los camarones que había pescado me bailaban en la mano, haciéndome cosquillas. Me desperté al oír a mi madre que me llamaba a voz en grito desde lo alto de la cuesta que bajaba a la playa



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 " ¿ Carlosssssssssssss, donde estássssssssssssssss ?"


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