sábado, noviembre 10, 2012

POLONIA IX. TEL FINAL. TE JURO QUE YA NO HAY MAS

Verdaderamente el que haya resitido hasta aquí o es un santo o me aprecia mucho porque reconozco que con el tema de estas vacaciones me he pasado un montón. Lo que pretendía resolver en cuatro o cinco capítulos se ha ido al doble. Lo siento. Pero el año próximo prometo no martirizaros con las vacaciones.






 Pero la tarde de CRACOVIA se metió en lluvia y nos refugiamos en el hotel. La verdad es que, después de tanto ajetreo, un descanso viene muy bien y dejamos pasar las horas haraganeando hasta que se hizo noche. En la misma plaza hay un centro comercial y decidimos salir para tomar algo. Lo bueno, o lo malo, de estos sitios es que con eso de la globalización son lo mismo en casa que allí. Las mismas franquicias, los mismos negocios. Solo cambia que el ruido que te rodea te es desconocido, el mosconeo de voces es solo ruido y no entiendes lo que dicen.







Y claro, siempre hay un Starbucks caffé donde tomar el mismo " frappuccino " que ya has tomado en los sitios más dispares. Por cierto nunca podré dejar de agradecer lo bastante a esta cadena en cuyos locales me aliviaba cuando estuvimos de vacaciones en Nueva York y sentía la urgente necesidad provocada por el diurético diario.










Un poco cansados de la cocina polaca esta noche decidimos recurrir a la socorrida comida italiana. La guía recomendaba la pizzería Trzy Papryczki como la mejor de la ciudad y aunque estaba algo alejada, nos lanzamos a recorrer la ciudad bajo la lluvia. Todo tenía una luz distinta bajo el agua y aunque íbamos algo acelerados para evitar el chaparrón, recuerdo el dorado de la piedra de las casas, el brillo de los adoquines. La cena bien y dentro de lo predecible. Y aquí tampoco tuvimos problemas para entender el menú. Vaya alivio.

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Después de cenar se había aplacado la lluvia y volvimos callejeando hasta la Plaza del Mercado para sentarnos en una terraza pues, a pesar del mal tiempo, unas mantas de lana roja nos sirvieron de abrigo para zamparnos la correspondiente copa de helado...y hacer un vídeo. Primero la prueba y después el definitivo. Y no nos apedrearon los de las mesas contiguas, que conste.
Y pronto a la cama.


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En el  penúltimo día planeamos recorrer los alrededores de la ciudad. Lo que sí teníamos claro es que no queríamos visitar para nada un antiguo campo de concentración nazi, así que pasamos de la excursion a AUSCHWITZ, un poco hartos del victimismo judio. Sí, ya sabemos que el holocausto fue inhumano pero ahora estos mismos hacen otro tanto con los palestinos y todos nos cruzamos de brazos.

Teníamos gran curiosidad por conocer las minas de sal de WIELILICZKA, ciudad que está a pocos kilómetros.
El complejo está situado a gran profundidad y al pasear por el parque  
en que está enclavado nada hace pensar en el mundo que se encuentra bajo nuestros pies a no ser pora lgunos edificios de la mina desperdigados entre el verdor. Un consejo, si planeais hacer esta excursión enteraros antes de los horarios pues son visitas guiadas y para los españoles solo había dos turnos en el día, así que nos tocó estar de clavo casi dos horas hasta que pudimos entrar. Otra posibilidad para los políglotas es apuntarse al circuito en inglés, pero nosotros la lengua la usamos para otros menesteres. Y la entrada muy cara, con mucho la que más con el agravante de que aquí no nos sirvieron para nada los carnets de estudiantes.





















La guía, una joven polaca que habla muy bien el español, inició el descenso a las profundidades de la mina seguido por el grupo de turistas, poco más de una docena en la que destacaba un cuarteto de patosos de esos que te encuentras en todas partes y a los que te dan ganas de darles una patada en el culo, a ver si bajan de golpe los más de 800 escalones que nos tocó descender. Bueno, es algo curioso ver todo esto, la estructura de la mina, los inmensos pasillos y las figuras talladas en las paredes, las estatuas de sal en su gran mayoría de temas religiosos y una inmensa sala en lo más profundo de la mina marca el final del recorrido. Enormes arañas de cristal de roca y multitus de escenas biblicas conforman la sala que se usa para actos sociales previo pago. Y montones de chiringuitos pensados para aflojar los bolsillos de los turistas.





La verdad es que, a posteriori, no me habría importado nada no hacer esta visita, sobre todo si pienso en la salida de la mina. Nos metieron a diez personas en una jaula metálica, todos bien apretujados como sardinas en lata, con la nariz en el sobaquillo del vecino y aquel artilugio ascendió a la superfice a una velocidad endiablada mientras oíamos a las guiris inglesas que subían en otra jaula igual vociferar canciones de los Beatles.
Que alivio salir a la superficie y ver las praderas tan verdes.
El siguiente destino estaba a unos 30 kilómetros. En las afueras de la ciudad de KALWARIA ZEBRZYDOWSKA se encuentra un complejo religioso formado por el convento de los monjes bernardinos con la iglesia de Santa María de los Angeles. El paraje es muy hermoso, al fin encontramos montes después de recorrer tantos kilómetros y hay inmensas arboledas. Este es un punto de peregrinación y la iglesia barroca se alza tras una enorme explanada. Como es lógico, el templo estaba abarrotado de fieles y no pudimos visitarlo.


En la colina que hay tras el santuario, al parecer, están las más de cuarenta capillas del Via Crucis y al acercarnos en busca de la primera vimos algo que nos sobrecogió el ánimo. De pronto comenzaron a bajar  por la colina curas y curas y más curas, cientos de curas y alguna monja desperdigada. Todos jovenes, muy jóvene, todos vestidos de sotana, todos felices y sonrientes. No te pierdas el soporte audiovisual o el modo de asir la cruz como si fuese una lanza del otro franciscano. 
 
A la vista de todo esto y de que había que trepar como las cabras monte arriba, se nos quitaron las ganas de ver las 42 capillas del calvario y de continuar la visita. Así que buscamos refugio en el coche y nos volvimos a CRACOVIA a todo gas.









Era ya media tarde y nos encaminamos a la zona que todavía no habíamos visto al otro lado de la plaza del Mercado. Siguiendo la ulica Szczpanska, en la cual hay muy hermosos palacios, comenzamos a recorrer la zona de la antigua Universidad.
 
 
 
Este barrio está plagado de hermosos palacetes barrocos y de casas renacentistas y el aire tranquilo de las calles contrasta con el bullicio de la cercana plaza del Mercado. Al final de la calle está la iglesia barroca de santa Ana, situada frente al colegio de médicos, cuyo interior parecía todavía más hermoso con la luz del atardecer que atravesaba el rosetón de la fachada.
 
 
 
 
 
 





 

Llegamos hasta la plaza Szczepanski, un engedro del urbanismo moderno perdo donde hay edificios modernistas muy hermosos. En una esquina de la plaza está el bello teatro Viejo en estilo liberty y en el extremo opuesto se alza el inmenso mamotreto del Bunker del Arte de estilo realsocialista. Niños jugando y una preciosa chica haciendo sonar una vieja pianola. 
 
 
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Continuamos hasta el Collegium Maius, en el corazón de la Univerdidad, un edificio gótico del XV de piedra y ladrillo, reconstruido también tras la guerra que tiene un hermosísimo patio con una fuente en medio y una arquería gótica sobre columnas muy gráciles. Una escalinata lleva al piso superior con bóvedas estrelladas. Como la luz ya había bajado mucho dejamos las fotos para la mañana siguiente.





 













Ya atardecía y el color de la piedra y el ladrillo bajo la luz del sol poniente era una delicia. Esa zona es menos visitada por los turistas y da gusto callejear por ella al caer la tarde.
Señores, que hay que cenar. Hoy tocaba un restaurante en el barrio judío. El " Ariel " está situado en pleno barrio judío, bastante alejado de donde nos encontrábamos pero eso no era obstáculo para nuestro égido guía con el plano en la mano. Nos llevó sin titubear al destino ya le verdad es que la cena fue muy rica. Primero tomamos la consabida sopa, en este caso una especie de gulash pero al que habían añadido canela y miel. Y después una rica carne asada con guarnición de verduras......la ración no se acababa nunca.























Rehicimos el camino al hotel andando, aunque a mi no me habría importado nada subirme a uno de los tranvias. Al final llegamos. Que bendición saber que la cama espera con las sábanas abiertas. Por el ventanal se cuela la luz amarillenta de la plaza. A veces tengo la sensación de que me duermo en el trayecto de tumbarme y antes de que la cabeza toque la almohada.



Llegamos al ultimo día, el de la vuelta. Hacer maletas, pagar la cuenta y dejar el equipaje en el coche al resguardo del garaje del hotel. Había que hacer las compras y ver el barrio judío a la luz del día. De recuerdo lo más socorrido, unos imanes para la nevera pues odiamos andar de compras, en especial cuando viajamos. Eso y un belen de madera artesanal es todo lo que nos hemos traido de recuerdo.




















Al pie del castillo está la enorme iglesia barroca de los Bernardinos. Desde aquí, la vista que se tiene de las murallas es impresionante, a través de los chopos dorados por el otoño. La iglesia no pudimos visitarlas pues de ser un díade diario, el templo estaba a tope de gente siguiendo misa. Así que nos contentamos con verlo desde fuera y sacar alguna foto furtiva de su interior a pesar de la cara de desagrado de una señora que me miraba de muy malos modos. Y pienso que con razón.

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Y en este lugar, fué donde nuestro intrépido guía, el polifacético Felitosky Polatotky, cual caballero renacentista, alcanzó su punto culminante como artista pues no solo nos hizo una majestuosa actuación como intérprete de sus éxitos, sino que también se pasó al otro lado de la cámara y se convirtió en autor de culto. 

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Menos mal que en la explanada de la iglesia no estábamos nada más que nosotros pues mucho me temo que nos hubiesen apedreado, así que seguimos camino en busca del judío. Aqui las calles son distintas, las casas están más abandonadas y se nota que no está todo retocado para los turistas. Ropa colgada a secar delante en las fachadas de las viviendas, tiendas de barrio y mucha gente normal por las calles, charlando o tomando el sol o en grupos bebiendo cerveza .

































 En medio del barrio, rodeada de una muralla encontramos la iglesia del Corpus Cristi que es un enorme edificio gótico con tres grandes naves en las cuales, con la habitual borrachera barroca, en la que destacan una muy hermosa sillería del coro, un calvario renacentista en la nave central y un enorme púlpito en forma de barca con toda la parafernalia de sirenas y angelotes. Y allí pusimos cuatro velas para nuestras estrellas, porque era el día de san Miguel.



 
 

   
 
Seguimos recorriendo el barrio judío en busca de la sinagoga y el viejo cementerio judío pero estaban cerrados para los visitantes y, verdadermanete, no parece que nos hayamos perdido mucho, a juzgar por su exterior. Pero la mañana se echaba encima y se hacía hora de volver, para terminar con las cosas pendientes.
 
 
  
 

Al llegar al pie del castillo vimos a un nutrido grupo de polacos vestidos de personajes históricos que recreaban alguna antigua gesta y se notaba que se lo estaban pasando como enanos disparando arcabuces y ajusticiando héroes, encadenando una serie de cuadros que para los lugareños tendría sentido pero que a nosotros nos parecía algo de película. Eso sí, tenían bastante mala leche pues en cuanto te acercabas al cordón disuasorio e ponían como energúmenos.























Ultima mirada a las calles por donde tanto hemos callejeado estos dias y una parada técnica para reponer fuerzas en una de las terrazas de la plaza del mercado para dedicarse al ejercicio favorito de los turistas: cotillear todo lo que nos rodea, mientras tomamos una cerveza sentados al sol y escuchando a un grupo de jazz.
De allí nos fuimos al cercano  Collegium Maius con idea de verlo a plena luz del día y hacer las fotos que no pudimos el atardecer anterior, porque uno no se realiza como turista si no vuelve con el bagaje fotográfico a reventar. Y es que yo eso de las fotos lo tengo fácil. Por mi parte me dedico a fotografiar de modo compulsivo y a la vuelta a casa el bueno de Alfonso se dedica a ordenarlas, retocarlas y todo ese coñazo del que no tengo la menor idea.





 
Vuelta a la plaza del Mercado. Ultima boda con fotógrafo incorporado haciendo su reportaje. ¡¡ Dios, como se casan los polacos ¡¡, no ha habido día sin boda. Ultima mirada a la iglesia de santa María y calle adelante pasamos por última vez el tunel que comunica la ciudad vieja con el resto del mundo y regresamos al hotel para recoger el coche con el equipaje. CRACOVIA nos despidió con un hermoso día de sol. 































Piensas que estos días has visto muchas cosas, que son muchas más las que hemos dejado en el tintero, pero sería impensable creer que en doce días  se podrí abarcar todo. Lo que sí tenemos claro es que hemos exprimido el tiempo a tope.
Se terminó POLONIA.




Lo demás, muy sencillo. Entrega del coche, esperar el vuelo y hacer cola. La vuelta como la ida, una mierda con esta compañia. Pero llegamos puntuales a Alicante y nos salió la Puck a recibir al camino, haciendo más cabriolas que nunca.



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Un consejo. Es una país a visitar, Y mejor si no vas en un touroperador de esos.






2 comentarios:

xaby dijo...

Esta ultima entrega me ha gustado. Habeis estado n Cracovia sin hace largos desplazamientos. Habeis contemplado mejor la vida d la ciudad, a distintas horas.
El num d monumentos visitados es bestial, con su descripcion y anecdotas.
Lo q no se es si dia a dia tomas notas o si lo escribes s la vuelta d memoria. Hay muchos detalles q quedan fuera d la guia, siendo d tu cosecha.
Supongo q ahora te toca descanso antes d pensar en nueva historia bloggera. Animo Osanxi!
Particularmente me ha sido diver, nada pesado. La incorporacion d videos con fotos queda muy complementada.
Muaks!
No pares d escribir!

Xaby

cal_2 dijo...

ante tu comentario, solo me queda darte las gracias. Solo añadir algo sobre lo que preguntas: me limite a tomar unas notas muys escuetas cada dia y despues, siguiendo las fotos fue saliendo todo. Es comodo asi
Un abrazo
Carlos
...y sigo