domingo, octubre 28, 2012

POLONIA V. EN EL BALTICO, PERO NO TANTO

GDANSK, como el resto de la Polonia que visitamos, es como esa vieja puta a la que todos follaron y le quitaron sus alhajas para dejarla tirada en una cuneta, que por su propia fuerza renació como si fuese una flor esplendorosa. Por aquí pasaron todos y todos se llevaron lo que pudieron: suecos, fineses, lituanos, prusianos, alemanes, rusos...Por eso, viendo como es en la actualidad su parte antigua, sorprende mucho más pensar que hace cincuenta años la ciudad estaba arrasada y casi sin habitantes y ahora muestra toda su belleza.



Llegamos bajo lluvia cuando se estaba haciendo de noche y comenzaba a iluminarse la ciudad. Un cielo azul cobalto recortaba la imponente silueta de la estación, frente a la cual estaba nuestro hotel. Una lluvia fina nos caló hasta llegar a la recepción.
Dejamos el equipaje en la habitación y salimos a pasear bajo la lluvia. Como es de rigor, Félix agarró el plano y en un pis pas nos puso en ruta hacia la Ciudad Vieja, situada muy cerca de nuestro hotel, para hacer una primera toma de contacto.




La idea que nos habíamos formado de GDANSK no tiene nada que ver con la realidad. Para nada es una ciudad sin personalidad y con escasos monumentos como habíamos creido. Al llegar a la " Glowne miasto " o Ciudad Principal se accede a la misma a través de la Puerta de Oro , un arco renacentista a cuyo lado hay un hermoso edificio, la Armería, con cuatro cuerpos que parecen hechos con encaje de Malinas y siguiendo la " Ulica Dluga ",  antigua calle Real por la que entraban los reyes en la ciudad, se va de sorpresa en sorpresa al ver la belleza de las casas que la bordean brillantes bajo la lluvia. Si una es hermosa, la siguiente lo es más y la de enfrente, ni te digo.




La calle finaliza en el ayuntamiento y se abre a la plaza Larga, con casas de similares características a las que habíamos visto. Pero como hoy solo se trataba de una aproximación a la ciudad y caia la noche, buscamos donde cenar porque aqui los horarios de comidas son europeos.
Siguiendo la guía entramos en el " Palowa ", a priori con muy aspecto. Un portón de una casona antigua daba a la sala decorada con pesados muebles de nogal y candelabros de plata. Pero un horror de cuadros modernos colgaban de las paredes, pues algún artista local confiaba en que le comprase alguno un turista borracho.
Las camareras vestían trajes antiguos, con unas enormes faldas que le salían de debajo del pecho pero la cena dejó bastante que desear, a tenor de los días anteriores. En la mesa contigua unos turistas alemanes maduros no paraban de incordiar con sus móviles cual quinceañeros y el servicio funcioná lento y mal. Una cena lituana para no recordar y el sitio más caro de todas las vacaciones.





Volvimos paseando hasta el hotel. Seguía lloviendo y las calles tenían un color especial. Bajo la lluvia mansa, sentada en un taburete bajo, una abuelita de cuento vendía ramilletes de flores silvestres que tenía ante sí en un cesto de paja. Nos miramos y sin decir palabra me acerqué a ella y le compramos uno. Sacó un billete de 10 zlote de su refajo para indicarnos el precio y seguimos el paseo pensando cada uno en su estrella. Y como es lógico, el ramillete seco hizo el viaje de vuelta en la maleta y ahora con nosotros.





La sorpresa nos esperaba en el hotel. La tercera cama, la supletoria en la que yo iba a  dormir, era una cama turca apta para soportar pesos de palomas. Cuando intenté acostarme las tablillas salieron disparadas y no hubo manera de recomponer el destrozo. Así que tiré el colchón al suelo, me envolví en el edredón y a dormir, que estábamos cansados. Dormí toda la noche de un tirón.



A la mañana siguiente empezamos el recorrido de
 la ciudad. Frente al hotel había una oficina de turismo, Félix se las huele, y al momento salió con una guía bien estructurada y en castellano que permité visitar la ciudad sin perderse nada interesante.


Ya con luz de día, rehicimos el paseo de la noche anterior pero ahora viendo todo bajo otro aspecto. Bajo la égida mano de nuestro guía recorrimos todos los puntos indicados y ver de nuevo las casas a la luz del día nos permitió constatar la idea de anoche.
A lo largo de las calles por donde pasábamos el turisteo había puestos de mujeres que, como la vieja del ramillete de anoche, vendían sus artículos de artesanía, pero ninguna mendigando.





La calle Larga es un maravilloso compendio de casas hermosas, ninguna igual a la anterior y al final se desemboca en la plaza con la estatua de Neptuno al pié del ayuntamiento, cuya inmensa torre señorea el conjunto.


La Calle Larga o antigua calle Real por donde cruzaban la ciudad en procesión los reyes que venían de visita desemboca en la llamada Plaza Larga bordeada por los palacios renacentistas de los nobles y banqueros de la ciudad, destacando la blanca fachada del palacio Artú, así llamado por que toda la imaginería de su fachada está basada en los caballeros de la Tabla Redonda. Ante la entrada hay un kiosko con una estatua de Mercurio en su techo.

 
 
 
 
 
Atravesamos la plaza  deteniéndonos con cuidado ante todas las casas hasta llegar a la  Puerta Verde, un bello edificio del XVI,  en donde se alojaban los reyes y que ahora ocupa las oficinas de la fundacion de Lech Walesa.





Al cruzar las arcadas se llega a la ribera del río  Motlawa y la ciudad parece abrirse. Casas de aspecto flamenco flanquean las orillas y el edificio del viejo Arsenal llama la atención. Allí, en una esquina, sentada en su tabureta estaba la viejecita de anoche vendiendo sus ramilletes y me di cuenta que ella también nos había reconocido pues vi como nos seguía con la mirada.




En la ribera, sobre un pequeño muelle vimos que había atracado un galeón de atrezzo y a su lado, unos barcos de turistas que hacían el recorrido hasta la desembocadura en el mar. Sacamos los billetes de ida y vuelta justo a tiempo, pues iba a zarpar uno. Pasamos ante la antigua Puerta Grua, un edificio de madera del XV en cuyo
portal una enorme rueda de madera, accionada  por las piernas de los obreros, permitía elevar los mástiles de los barcos.
























La ciudad se fue alejando y pronto salimos a las afueras cambiando el paisaje con campos verdes y casas destartaladas en las riberas. Llegamos a la zona industrial con grandes gruas que parecían inmensas aves recortadas en el cielo gris y viejos barcos de transporte esperando ser reparados.




Cambió el tiempo y se levantó un aire otoñal hasta que llegamos al punto de atraque.  Teníamos hora y media de espera para coger el barco de vuelta pero, sin saberlo, habíamos acertado con el viaje pues allí seguía el recorrido turístico por aquellos puntos en donde había comenzado la segunda guerra mundial.




Casamatas abandonadas, viejas construcciones de cemento entre la maleza del bosque,
 alambradas tras las que se veía el Báltico a lo lejos, entre escombros y llegamos hasta donde un inmenso monumento que recuerda a las víctimas de la guerra, con grandes figuras de realismo socialista decorando la base. Desde allí se atisbaba el mar a lo lejos.





Te sobrecoge un poco pensar que en este punto ocurrieron hechos tan trascendentes en la historia. El famoso Pasillo de Dantzing que estudiabas en el bachillerato, cuya disputa sirvió de disculpa para el inicio de la segunda guerra mundial o los astilleros donde el sindicato Solidaridad derribó al régimen comunista. Gdansk primero fué arrasada por los alemanws y después llegaron los rusos salvadores dejando la ciudad en ruinas y la inmensa mayoría de sus habitantes desaparecidos en la mierda de la guerra.

















Y aquí también está ambientada la maravillosa novea de Gunter Grass " El tambor de hojalta " en la que se describe como los oficinistas de correo fueron los primeros en enfrentarse poco más que con las manos a las tropas alemanas asaltantes, siendo barridos como hormigas.




Volvimos al barco y rehicimos el viaje de vuelta. Félix agarró el plano y retomó el mando de la expedición y nosotros detrás, como siempre dándole al gatillo.
En la plaza Larga, a la una del mediodía en la llamada casa nueva del Tribunal todos los dias se asoma en una ventanita ovalada una mujer de melena rubia que representa una hermosa señorita burguesa encerrada allí por celos de su malvado tío, no llegamos a enterarnos si por puta o por díscolay se asomaba clamando ayuda de sus vecinos, pero parece ser que nadie le hacía caso.



Por cierto, me llamó la atención la afición por los dorados en todos los edificios públicos, más propio de la arquitectura árabe que de un pais nórdico.
Recorrimos todas las iglesias habidas y por haber, goticas en su mayoría, muy hermosas practicamente todas, pero que no voy a enumerar todas, mis queridos niños, que para eso están las guías. De todas, destaca la hermosa catedral de Santa María, un imponente templo que es la iglesia más grande de Polonia.


 
A la entrada una cancerbera con más bigote que un brigada portugués nos vendió entradas para visitar el interior, tres inmensas naves góticas que parecen perderse en el cielo y de una gran belleza, pero practicamente libre de adornos. Sus paredes desnudas y encaladas transmiten una gran luminosidad. Presidiendo la catedral, bajo el ábside, un maravilloso retablo de la Coronación de la Virgen.













De vuelta al hotel nos encontramos con mi colchón en el suelo, muy bien hecha la cama eso si. Pero ante la perspectiva de dormir otro día en el suelo reclamamos y gracias al tradcutor de San Google, nos hicimos entender. Tras un pequeño tira y afloja nos cambiaron a una suite donde pudimos descansar y hacer un par de vídeos coñeros. Aquí es donde empezó Félix con su " bruhhhhooooo " que nos acompañó el resto de las vacaciones, con gran sobresalto por parte del pobre Alfonso, porque no ha habido modo de que moderase los decibelios.

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Por la tarde continuamos recorriendo los puntos que nos faltaba. A mi me gustó especialmente el Gran Molino, con su enorme tejado a dos aguas lleno de troneras junto al cual habían levantado una hermosa estructura formada por cuatro columnas de metal entre las que se había tendido una malla de la que colgaban largas cintas de plástico de colores que se movían a merced del viento,. Algo tan simple como bello.







Tocaba cenar y esta vez logramos información de una polaca por medio de un mexicano que vive habitualmente en Barcelona. Fuimos a un restaurante sin turistas y tomamos una sopa de centeno y salchichas cuyo recipiente era una hogaza de pan de centeno hueca, deliciosa, y una enorme fuente de pierogi. Estos son a modo de pequeñas empanadillas cocidas rellenas de todo lo imaginable: desde la carne o la con el picante mas fuerte al dulce con mermelada o miel, cubiertas con salsas. Pero no hubo modo de terminarlos.
Volvimos al hotel dando un paseo para darle el último vistazo a los que más nos había gustado hasta llegar al Gran Molino y quedamos un rato bajo las cintas de plástico, oyendo el siseo de las mismas movidas por el viento y la lluvia. Alfonso compró chuches para el viaje del día siguiente, que hay que cuidar al conductor y a dormir, que la etapa de mañana será larga.




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Próximo capítulo: POLONIA V. EN VARSOVIA, SIN MAS

2 comentarios:

xaby dijo...

aquí hay un montón de información Es la parte donde mejor narras la descripción monumental, la gente y gastronomía. Sólo comentas cenas, será que al mediodía no tomáis nada ... (ein?).
Unos se les acusa de asaltacamas, otros de rompecamas y otros les toca dormir tirados en el suelo, jejejejeje.
Todas las fotos son panorámicas, e ninguna se sacan detalles, planos más próximos de las esculturas o de la arquitectura, es una pena. ¿Hiciste foto a la viejecita florista?
Ánimo Osanxi, que te van a contratar como redactor para la Lonely Planet!
Muaks!

cal_2 dijo...

Solo pongo fotos que apoyen el relato y tengo la sensación de que son excesivas...imagina si pusiese detalles. A la florista no la pude fotografiar porque cuando la volvi a ver de dia no me quitó ojo de encima....mejor conservar el recuerdo. Saludos, querido crítico.