viernes, julio 24, 2009

La abuela Hermelinda


El dia en que la abuela Hermelinda enterró a su tercer marido, decidió que este mundo era una porqueria y se juró no salir jamás de casa hasta que le llegase el momento de seguir a los tres. El abuelo Claudio fúe el primero y duró a su lado poco más que un suspiro pues en plena luna de miel un mal aire se le fijó en el costado al beber un vaso de agua muy fría en una venta de Alcalá y dejó a la abuela sin probar apenas las mieles del matrimonio. Del segundo, que se llamaba Ernesto y ella siempre mentaba como el mal nacido, solo recuerda que la hacía tenerle siempre los botines brillantes como un espejo y las camisas más blancas que la nieve pero, con gran fortuna para ella, se despeñó por un barranco una día que había salido de caza y las lágrimas y el luto que le dedicó fueron más breves que su primer viaje de novios.

jueves, julio 16, 2009

¿ Que te parece ?



No sé si habré contado esta historieta en alguna parte de mi blog, pero como hoy ha tenido una segunda parte, la retomo.
I. En mis épocas de medico de guardia en una clínica burgalesa, durante los primeros años de ejercicio profesional, me avisaron en mitad de la noche para que subiese con urgencia a una habitación donde un enfermo estaba agonizando. Lo habían operado de próstata un par de días antes pero al parecer no podía remontar la intervención en parte por la edad y en parte por lo cruentas que eran esas operaciones por aquellos años.

jueves, julio 09, 2009

Rojo sobre negro


A Pedrito siempre le hicieron creer que estaba en este mundo de chiripa, que se había colado en la vida de rebote. Por más vueltas que le dé a la cabeza el primer recuerdo que le viene a la mente es el de su madre caminando por entre las tumbas del cementerio viejo, con una regadera de plástico verde en una mano, una brazada de flores frescas en otro brazo y él detrás, corriendo al trotecillo todo lo rápido que le permitían sus piernas y siempre agarrado a sus faldas negras. Ante él solo se extendía la negrura de las sayas a las que se agarraba para no perderse. Pedrito nunca vio reír a su madre, pero sí recuerda su enfado cuando daba un traspiés y se caía de bruces en la grava del paseo. Entonces subía a la boca de la madre todo un rosario de insultos que soltaba como una catarata sobre el atemorizado crío.














jueves, julio 02, 2009

Entonces, morirse será esto....


A través del ventanal del jardín se vislumbra una inmensa luna llena como un disco de cobre viejo difuminada por el velo de la bruma. Es noche de verano y la humedad del mar próximo se hace patente. En el tocadiscos suena una melodía y un Kraus con toda la potencia y dulzura de su voz adulta desgrana un melancólico " Pourquoi me reveller ". Antonio deja a un lado el libro que está leyendo porque siente los ojos cansados y necesita un poco de descanso, últimamente se ha propuesto volver a leer alguno de los libros que más le marcaron a lo largo de tantos años de lector impenitente. " El gatopardo " ha sido uno de ellos y comprueba con satisfacción y pena al tiempo que apenas le queda un puñado de páginas para terminarlo.

Robus y Flora


Robus y Flora se conocieron en El Salobral hace un puñado de años, allá a finales de abril durante las ferias de San Marcos, cuando ella era un rubia de frasco muy pizpireta y él un hombretón que iba siempre con camiseta de tirantes para enseñar pecho y biceps. Robus era de un pueblo del norte de Cáceres y andaba de feria en feria con su caseta de hombre forzudo retando por cuatro perras a los fanfarrones de cada pueblo a que no tenían tanta fuerza como él. En realidad se llamaba Agapito, pero valgame el santo cristo, como iba a pretender que lo respetasen con ese nombre, así que en la lona que cubría su puesto había pintado unas pesas bajo el nombre de " Robustiano Fortachón, el hombre de hierro ". El Robus andaba siempre como de perfil para que se notase más su musculatura y a la mínima arqueaba los lomos como un gato para marcar cuerpo y sacar bola. Sus biceps y su bigotón los cuidaba por igual pues pensaba que lo hacían más hombre.

miércoles, julio 01, 2009

PALABRAS CRUZADAS


Escena presenciada hace pocos días en una tienda de " 24 horas " entre la dependienta y una clienta. Esta tendría unos 70 años aproximadamente, aspecto de señora de clase media, recién salida de la peluqueria. La dependienta, una chica regordeta con varios tatuajes visibles e imagino que alguno más en partes ocultas, que va vestida con un blusón puesto al desgaire que no oculta su tripa de preñada. Intentaré transcribir el diálogo lo más fielmente posible y que cada uno saque sus conclusiones.
La clienta pone dos botes de refresco encima del mostrador y pregunta cuanto es.
Rebusca en el monedero, deposita unas monedas al lado de los botes y la chica le da las vueltas.
" Muchas gracias, señora " dice la dependiente.
" No, gracias a usted, señora " responde la clienta.
" Señora no, señorita, que todavía no estoy casada ".
" ¿ Y esto, entonces ? " añade la clienta mientras esboza una sonrisa pícara y pone su mano sobre la tripa de la chica. " Aunque no esté casada, esto será de su novio ".
" No, para nada, no tengo novio, contesta la chica, esto me lo ha hecho uno que pasó por aquí ".
La señora con cara de asombro, totalmente confusa no sabe que responder, recoge la bolsa con los refrescos y mientras sale va mascullando algo sobre los jóvenes de ahora. Imagino que no vuelva más a esa tienda. O sí.