No suelo contar cosas que me suceden recientemente pero hoy estoy tan contento que voy a hacer una excepción y ponerlo en el blog aunque, la verdad, esto es algo que solo me ineteresa a mi y a mis cuatrocientos o quinientos amigos íntimos. Pero pienso que al resto también puedo manifestarles mi alegría.
Hace como dos años y medio aterrizamos en el Levante huyendo de los fríos y de los cielos negros de las tierras burgalesas harto de aquel clima, donde uno encendía la calefacción de octubre a mayo y el acto de metererse en la piscina en pleno agosto era una pura heroicidad. Así que nos liamos la manta a la cabeza, conseguí un traslado de mi curro a esta zona, liquidamos la casa de allí y empezamos una nueva etapa con toda la ilusión del mundo. La única pena fué dejar allá lejos un manojo de personas maravillosas, a las que seguimos fuertemente unidos.
