lunes, abril 28, 2008

Preparate, ya has nacido


El cuerpo flota dulcemente en el líquido ligeramente viscoso en el que se encuentra, agita manos y piés en un bailecillo suave y dulce, prácticamente no hay luz alguna que ilumine el ambiente, pero tampoco lo necesita para mecerse suavemente sin pensar en nada, solo se escucha el rítmico latido de la sangre que bombea. La temperatura es agradable y constante, no necesita más alimento del que está recibiendo de modo regular. Tal vez esto sea lo más parecido a la imagen de un paraiso todavía no conocido y del que ignora lo rápido que va a desaparecer.

miércoles, abril 23, 2008

El cabrerillo



El autobús se acerca traqueteando por el camino de la iglesia, sorteando baches y pedruscos, levantando una polvareda a su paso y la pedorreta del tubo de escape apenas se oye por la algazara de los zagales que vuelven de la escuela a donde los mandan sus padres para que se desasnen. El sol que se va poniendo trás la ermita de la Virgen de las Nieves, cubre todo de un dorado que se difumina con el verde de las encinas y el ocre de la tierra.
En el cruce del camino que baja al río el autobús se para con estertores de asma, se abre la portezuela y saltan al suelo tres rapaces, con la mochila en una mano y la fiambrera de la comida en otra. Se vuelven para decir adios al resto y emprenden la vuelta a casa.

lunes, abril 21, 2008

Jose, ¡ va por ti ¡


Creo que el detonante fué ver a toda la serie de obispos que desde la plaza de Colón clamaban contra la degradación de la sociedad a la que nos lleva el gobierno actual. Todos juntos, envueltos en negro y púrpura, bien apiñados en el estrado arengando a las masas que se agitaban a sus piés con esas voces entre melífluas y acusadoras. Por eso, cada día brota con más fuerza un anticlirecalismo visceral dentro de mi, me produce verdadero encabronamiento físico leer las declaraciones de estos que se llaman pastores de almas y que lo único que trasladan a la gente es un odio miserable a todos los que somos diferentes a ellos, tan lejos de la misericordia y de la caridad que decían defender. Los maricones, los ateos, los socialistas, los raros y diferentes, todo aquel que se salga de la fila, esta sociedad degenerada que va de cabeza al caos y a su autrodestrucción. Fuego eterno para todos nosotros.

viernes, abril 18, 2008

monologo en gris


La ventana golpea de modo monótono contra la pared cada vez que sopla una ráfaga de aire helado, afuera la noche es pura negrura, no se ve nada más allá del marco de madera y dentro de la habitación tan solo la débil luz de una lamparilla de mesa permite ver las siluetas de los muebles, una cuna desnuda bajo la ventana y al fondo del cuarto una figura que se mueve rítmicamente de delante a atrás, sentada sobre un taburete.
El silencio de la noche golpea las paredes y solo lo rompe el batir de la ventana y el llanto quejumbroso que sale de la cuna. La figura gris se levanta del taburete, se acerca a la cuna, mira al niño que se agita entre la ropa desordenada y se vuelve como ausente a su rincón.

viernes, abril 04, 2008

Comenzar a leer. Siempre leer



Mi primeros contactos con la lectura fueron a través de los tebeos como imagino le sucedió a la inmensa mayoría de los críos de mi época. Tebeos de segunda mano, claro está porque los nuevos eran muy caros y por el precio de uno del " trinque " se podían cambiar al menos diez viejos. Los locales de " cambio de novelas " eran muy frecuentes a finales de los 50 y solían estar en algún portal siempre ocupando un mínimo espacio.
Yo iba a uno cercano a casa que estaba en la Ruanueva. El negocio de Manoliño era un poco más amplio de lo habitual y ocupaba la planta baja de un viejo edificio de piedra. En el escaparate un letrero de cartón donde se leía " Se cambian novelas y cuentos ". Un pequeño mostrador con la caja situado a la izquierda, una fila de sillas bajas de enea pegadas a las paredes y tiras de cuerda donde se colgaban los tebeos con pinzas de la ropa, casi siempre las novedades que te permitían hojear hasta que uno se decidía. Por diez céntimos se escogía uno y se podía leer allí mismo con mucho cuidado de no doblarlo.