Doña María " la generala " y Don Federico su marido ocupaban la vivienda situada bajo la nuestra en el Pabellón de Oficiales aunque cuando los conocimos, todavía no eran más que " la coronela " y su marido.
Doña María era un mujer grande asentada sobre unas piernas muy flacas, con el pelo medio rubio, tirante y coronado con una rodete en la nuca, gafas de concha y un pecho descomunal que la precedía en medio metro cuando caminaba. En realidad no era más que la mujer del Coronel pero como tenía un carácter tan fuerte y era la que dominaba casa y marido, le dábamos ese apodo entre nosotros. Por en contrario, Don Federico era un hombre muy dulce y apocado, o al menos esa imagen daba, muy delgado, siempre vestido con pulcritud de uniforme o con uno de esos trajes de mil rayas, de los que parecía que le sobraban 999 y al que me lo imaginaba perdido en medio de las tetas de su mujer.