
Pilarina y su prima la Chora nunca han sido mujeres de iglesia, pero entrar en el Carmen Extramuros es otra cosa, por algo es la iglesia que está en las afueras del cementerio y alli es donde están la abuela Clemen y la tia Esperanza enterradas. Un día de invierno, tras repartir las flores entre todas las personas queridas, siguiendo siempre un orden inamovible de acuerdo a la jerarquia que da el cariño y la añoranza, se meten las dos primas en la iglesia en busca de algo da calor, pues hasta las palabras se escarchan en la boca.
Hay muy poca luz, apenas las velas del altar iluminan al cura que dice misa al pié del camarín donde está la virgen, rodeado por las sombras de unas pocas personas desperdigadas por los bancos de la iglesia. Las dos se sientan en un banco a cuchichear y descansar un rato.
