sábado, enero 19, 2013

El hombre que perdió la sonrisa



De una felicitación navideña recibida en mi ordenador : " espero que el año 2013 con todos los cambios que te vienen te devuelva la sonrisa ".           



Pedro notó que había perdido la sonrisa en el día que más había podido necesitarla. No recuerda en que momento del día pudo sucederle, pues esa mañana tiene constancia de  haber sonreído al ver su aspecto impecable en el gran espejo del vestidor e, incluso, de la sonrisa de cortesía que esbozó en el ascensor al encontrarse con la vecina del cuarto, la señora del director de su oficina bancaria.







Cuando el conserje le avisó que había llegado la comitiva de inspección a su centro de trabajo, él como director del mismo, salió a recibirla a la puerta de entrada. Instintivamente se ajustó el nudo de la corbata que le había rehecho primorosamente su secretaria, echó un vistazo al ramillete de flores silvestres que iba a entregar a la inspectora y, cuando iba a fijar una sonrisa de compromiso en su cara, se dio cuenta que no le obedecían los 17 músculos que alrededor de su sus ojos o en la comisura de los labios conforman la sonrisa y que su rostro mantenía una actitud hierática. Y así, con cara de palo como si fuese un cristo románico, se pasó la mañana atendiendo a los requerimientos cada vez mayores de la inspección, no sin notar las furtivas miradas de sorpresa que le dirigían al ver su actitud. Pretextando excusas fútiles se encerró en el baño y haciendo mil esfuerzos intentó fijar una sonrisa en su cara pero notó que los músculos no obedecían a sus deseos.  Tuvo la sensación que este año las cosas no fluían como los pasados y que cada vez eran mayores los requerimientos de documentación que le hacían y cuando se terminó la tortura excusó su asistencia a la comida de empresa diciendo que se encontraba mal y que tenía que irse a casa.




Llegó a casa, masticó un " tranki " para que actuase más rápido y se echó un rato en el sofá a oscuras. Se despertó al atardecer y medio somnoliento fue al baño para mirarse en el espejo. Hizo mil visajes, puso las caras más difíciles pero la sonrisa seguía sin aparecer. Decidió acercarse a urgencias, aún sabiendo que tendría que hacer una cola de horas, pero se sentía muy intranquilo.
Ya entrada la madrugada le llegó el turno y no se le escapó la cara de sorpresa y de sorna que esbozó la médico que lo atendió. Pero tras una exploración minuciosa le dijo que no había parálisis facial, que todo respondía como es debido y que fuese a su médico de cabecera al otro día.
Pedro no pudo dormir apenas, a pesar de tomarse otro medio " tranki ", pero pasó la noche en un duermevela pegajoso y cuando saltó la alarma del móvil se sintió liberado. Nada, en el espejo se reflejaba la misma cara inexpresiva. Ya en el trabajo, se encerró en el despacho dando orden de que no estaba para nadie. Pero lo peor se avecinaba al final del trabajo.





Ese día había reservado mesa en un buen restaurante para conocer a los padres de Sonia. Tras dos años de convivencia habían decidido dar un paso adelante y esta reunión formaba parte de ello. Tras la tirantez inicial intentó desplegar todo su encanto pero no había modo de cortar el hielo pues su cara inexpresiva chocaba con sus deseos de seducir. Sintió pataditas de su novia bajo la mesa, pero no logró hacer lo más parecido a una sonrisa y, sobre todo la que iba a ser su suegra, no pudo evitar más de un gesto de rechazo. La despedida fue fría y sin atisbo de cordialidad por parte de ellos. Sonia se despidió de él con un beso gélido y la amenaza de una futura llamada.
En los días sucesivos se precipitaron las cosas. En el trabajo la inspección no prosperó como era deseada y de arriba comenzaron a apretarle las tuercas. Sonia le mandó un mensaje por el móvil diciendo que se iba a esquiar con unas amigas y que no se molestase en llamarla, que a su vuelta ya hablarían. Y seguía sin poder sonreír.





Consultó con un cirujano plástico de renombre pero salió desanimado de la consulta pues no le ofrecieron garantías de éxito. Lo mismo le sucedió con fisioterapeutas e incluso con un afamado curandero que le recomendaron en el trabajo.
Supo que volvió Sonia. Más de un día espió desde la calle la luz en la ventana de su apartamento, su silueta tras las cortinas, pero no recibió respuesta a sus llamadas de teléfono o en su portero automático. En el trabajo le recomendaron unas vacaciones largas o, mejor aún, que se plantease la dimisión.


Y la sonrisa se negaba a aparecer. No veía expectativas en nada. Se apuntó a un gimnasio para machacar el cuerpo y anestesiar el alma. Hasta que una mañana, al leer el periódico mientras desayunaba en la cafetería vecina a su casa se fijó en una oferta de trabajo: " Se precisan consultores para empresa especializada en bancarrotas ". Vaya, se dijo, ahí no preciso sonreír.
Mirando de reojo por si era observado, arrancó la referencia con ánimo de ponerse en contacto con ellos cuando, de repente, notó una especia de crispación en su cara y sintió como si una sonrisa de hiena se hubiese fijado en ella.


5 comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias por tu magia.
El relato me ha dibujado la sonrisa que me temo muchos hemos perdido por diversas circunstancias.
Me gusto mucho.

Aplicedu dijo...

Difícil lo pones para comentar...

Un poco complicado porque bajo estos relatos seguro que hay muchísimo más sentido del que simplemente escribes, y normalmente lo pilla bien alguien que te conozca bien.

De manera contraria, quien no te conoce, como es mi caso, nos queda la duda de si realmente hemos entendido lo que quieres decir con un relato de este tipo, o lo que pretendes expresar; porque no creo que sea un relato sin más, sin tener un significado principal y muy especial para tí.

Realmente soy consciente que por mi parte, de una manera un poco política (escribir mucho para no decir nada) he intentado expresar que sin estar seguro de haber captado bien el mensaje hay veces que pretendes sonreir y sabes que deberías hacerlo pero directamente hay algo que te lo impide. A mí últimamente me está pasando mucho, pero es algo que se que es un poco derrotista y lo peor es que contagia malestar. Y no hay ni cirujano, ni curandero, ni médico de cabecera, ni urgencias que te lo sane.

Esto si que es ser negativo... ahora que pienso, SERIAMENTE :-)

cal_2 dijo...

No sé si eres brujo o tienes una gran perspicacia pero has acertado con tu suposición. Aunque no considere apropiado explicarlo en público no me importaria aclarártelo a ti. Pero, en principio, no buscaba más que escribir un cuento para mi blog. Un abrazo

Aplicedu dijo...

Pues hombre, brujo, brujo, no creo que sea, jajaja, pero vamos, a veces está muy bien intentar leer un poco más allá. Y muchas gracias por el hecho de que no te importara una aclaración, aunque aquí sea difícil, te lo valoro muchísimo.
Un abrazo muy fuerte.

xaby dijo...

El prota se muestra deprimido, sin inquietudes, una relación rota q se niega a aceptar y sin trabajo. La luz por algo nuevo le aporta ánimo y a la vez un pensamiento psicòpata,,, "ahora voy a joderlos a ellos, me gusta"