domingo, noviembre 23, 2008

Una mañana en la playa


Esta mañana fuimos al mar. Como siempre que se trata de hacer una actividad física, voy remoloneando porque soy un vago total, aunque al final siempre acabo por ponerme en marcha. Hemos disfrutado de una mañana espléndida de otoño con ese cielo azul del Levante que nos tiene cautivados, apenas unas nubes en el horizonte, más decorativas que amenzazantes. La playa de la Marina es un arenal enorme que va desde Santa Pola hasta la desembocadura del Segura y en la cual solo hay unos pocos grupos de casitas bajas entorpeciendo el paisaje.
A un lado, el mar de un intenso azul en su conjunto con unas aguas límpidas y apenas sin oleaje, con unas olas mansas que rompen suavemente en la orilla tapizada de conchas rotas. Y la inmensa línea del horizonte al fondo cuya visión parece ensanchar el alma agobiada por el día a día. Al otro lado de la playa se suceden las dunas con arbustos y grupos de pinos y carrascas. Mucha gente paseando y otros grupos tomando el sol. Incluso hay gente bañándose, estos alemanes que se creen en la gloria metidos en el Mediterráneo en el mismo momento en que en su Munich natal la gente se traga viento y nieve.
Una vez en medio de la zona nudista yo empiezo a cansarme, así que doy la matraca para desandar el camino pues tenemos más de una hora de vuelta. El bueno de Alfonso me hace caso. Con el sol de espalda volvemos por la playa cuando, de pronto, nos quedamos sorprendidos al ver un grupo de unas veinte personas que avanzan lentamente por la playa, como si buscasen algo. Van vestidos de calle, lo que contrasta con la indumentaria playera de todos los demás, pero lo que más nos choca es que entre el grupo hay tres guardias civiles, dos hombres y una mujer. El grupo se detiene en medio del ribazo de la playa, cerca de donde comienza la línea de las dunas, en la zona acotada para los nudistas, al pié de la palmera donde otras veces nos tumbamos a tomar el sol de media tarde.
Los que en ese momento estamos paseando nos detenemos a curiosear a distancia, los civiles siempre impresionan y de entre las dunas comienzan a emerger unos cuantos hombres desnudos que están por allí de cacería, " los perros de la pradera " los llama nuestro buen amigo Carlos, con esa socarronería manchega que lo carecteriza.
Un hombre de unos cincuenta años barbudo, bajo y algo rechoncho se arrodilla en el suelo y comienza a excavar un agujero en la arena bajo la atenta mirada de todos los demás. Se incorpora y la mujer que está a su lado se agacha a su vez, abre la urna que lleva en las manos y esparce su contenido, mezclando las cenizas con la arena de la playa, bajo la atenta mirada de un grupo de jóvenes de ambos sexos que los acompañan, lo que contrasta con la actitud indolente de los civiles, que se mantienen al margén para demostrar que están allí por obligación.
Y ahora comenzamos a novelar de quién se tratará la persona que ha querido mezclarse con la arena de la playa. Se nos pueden ocurrir mil personalidades y dejo que tu, que lees esto, pongas la que quieras. Por mi parte yo apunto una.
A Elías le sonríe la vida, es joven, ha terminado una carrera prometedora y ha conseguido un buen trabajo. Vive con sus padres, como la mayoría de los chicos de su generación, pues es muy cómodo seguir unido por el cordón a una madre que le resuelve todos los problemas y no exige nada. Se ha comprado una moto, una de esas máquinas enormes con la que más de un atardecer se acerca a las dunas de esta playa en busca de una persona con la que desahogarse entre los pinos. Tal vez alguno de los que curiosean desde las dunas fué su compañero fugaz. Después cruza la playa a la carrera, se mete corriendo en el mar y bracea ágil para quitarse el sudor de encima. Sale a la orilla y se deja secar por el sol poniente.
Todo es acaba. Tal vez un accidente con la moto, tal vez una enfermedad rápida y funesta que podría ser una leucemia, manda su vida al garete. Antes de terminar todavía le quedan fuerzas para decir a sus padres donde desea que lo entierren. Allí, en lo alto de la playa, con el inmenso mar Mediterráneo ante él y a sus espaldas las dunas donde tan buenos momentos disfruto, bajo el intenso cielo azul. Y así funde todos los placeres hasta convertirse en una parte más del paisaje.
Seguimos caminando los dos, tanto Alfonso como yo, ensimismados en la escena que acabamos de presenciar. Como siempre, haciéndonos nuestra novela. Es inevitable, pues los dos somos así. Pero vemos un chiringuito en un costado de la playa y decidimos reponer fuerzas. Con unos pescaditos fritos deliciosos acompañados de un verdejo blanco fresquito se olvidan los sinsabores y coincidimos en que esa es una bonita forma de terminar. Pero que tarde en llegar. Ya de vuelta a casa, hacemos un alto en el camino en una casa al costado de la carretera. " Se venden naranjas ", pone a la entrada. Compramos una caja de naranjas recién cortadas del árbol y su perfume nos envuelve en el regreso a casa. El Mediterráneo es la vida.
Y en la radio del coche suena Serrat una vez más: " ...en la ladera de un monte, más alto que el horizonte, quiero tener buena vista..... ".

Nota para los más viajados. Vereis que la foto es de Calpe y no de la Marina...pero es que todavía no sabemos pasar las fotos del movil al ordenador. Así que, de momento, conformaros con esta.

4 comentarios:

redondeado dijo...

Holas. Yo siempre a lo mío, pero... Si es un móvil relativamente nuevo, seguramente habrá un cable USB con el que se pueda enchufar directamente al ordenador y sería la forma más sencilla. Otra posible forma de pasar datos entre teléfono y ordenador es Bluetooth, pero ambos aparatos deben tenerlo.

Para fotos de emergencia, también tienes por ejemplo las imágenes de google. Seguro que si buscas, hay una foto de lo que quieras.

Yo es sólo por comentarlo... ;)

cal_2 dijo...

tu siempre dando en la diana....la pena es que soy tan negado para cosas de cables y demás que esperaré a que un alma caritativa pase por casa y me lo haga. Y gracias por reaparecer

Anónimo dijo...

Como yo no tengo "Blog" he pedido permiso y me ha sido concedido.

Se te olvido mencionar que mientras paseabas hubo una tercera persona al otro lado del teléfono que estaba viviendo la historia a través de tus palabras y que no daba crédito a lo que estabas contando.

LA CHICA DE LOS MARTES.....


Muchos Muchos Muchos Besosssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssss.

Begoña dijo...

Ya no soy anónima, ala.....


Que mi "mario" es mu listo y me lo echo too toito too.... como siempre.

LA CHICA DE LOS MARTES