martes, noviembre 06, 2012

POLONIA VII. CRACOVIA. LA GUINDA DEL PASTEL

El día 26, después de dejar el hotel nos acercamos a la cercana poblacion de WILANOW con idea de visitar un par de sitios que nos quedaban pendientes antes de seguir viaje. Como se puede ver en esta foto tomada desde el coche, no somos los únicos que nos peleamos con los planos .


Frente al aparcamiento se abre un parque flanqueado a su izquierda por dos hermosas iglesias y, ya dentro del mismo se encuentra el mausoleo de los Potocki.























 De una gran belleza cuando se contempla de lejos , al aproximarse surge la decepción al ver que todo está consturido con cemento. Y te das cuenta una vez más que el pais ha tenido que ser muy pobre pues cualquier palacio de un conde italiano de tercera tiene más brillo que estos de aquí.























La mañana lucía un sol expléndido y nos acercamos paseando hasta el muro que cerca el acceso al palacio. Este es un hermoso edificio barroco que se encuentra al final de una esplanada y rodeado por un hermoso jardín a la inglesa. Al acercarnos sucede lo mismo que con el mausoleo, todo es estuco y cemento. Aparece la inevitable pareja de novios con el fotógrafo detrás. Pero si no son más que las diez de la mañana....
















Ya he dicho antes que somos reacios a visitar el interior de los palacios, aunque seguro que nos perdemos muchas cosas hermosas. Así que fuimos a la contigua Escuela de Hípica en cuyo interior se encuentra ubicado el Museo del Cartel. Los cartelistas polacos siempre han sido muy buenos, aunque el contenido que muestra es bastante escaso, no hay acceso a los fondos y los carteles, a pesar de ser muy buenos, nos dejaron con un regusto a poco.



































Así que camino de CRACOVIA, última etapa del viaje. Tenemos por delante otras seis horas de coche, así que es cosa de tomarlo con paciencia. Menos mal que el coche es cómodo y mirando el paisaje no hay posibilidad de aburrirse. Por fin empezamos a encontrar algunas colinas, hasta ahora todo ha sido llano. Bosques con el color del otoño y pueblos se suceden, sin parar en ninguno pues no nos queda ninguno interesante de camino.



















Practicamente todos los pueblos están aislados por vallas insonorizadas y a la entrada y a la salida de cada ciudad hay un gran arco metálico para controlar los coches que circulan. En el parabrisas llevamos un chip que sirve para saber si se paga o no la tasa de circulación. Otra cosa, la gasolina está más cara que en España pero, teniendo en cuenta el menor nivel vida polaco, imagino que para ellos sea mucho más costosa. Además la inmensa mayoría de vehículos con los que nos cruzamos son de gama media y bastante antiguos.




Llegamos a CRACOVIA sobre las cuatro de la tarde y fuimos en busca del hotel. El " Antel " es un hotel muy moderno, de esos pijos de diseño situado en la explanada frente a la estación de ferrocarril y con un enorme centro comercial moderno a un costado. Aquí encontramos la primera recepcionista que hablaba en español. Vaya alivio aunque hasta ahora nos movimos perfectamente con el lenguaje de signos y la ayuda del traductor del Google. La habitación en consonancia con el hotel: pija total pero más pequeña que las anteriores, con un enorme ventanal colgado sobre la plaaz....además,  el colchón es supercómodo.

 
 
  Salimos del hotel y nada más cruzar un tunel nos encontramos de pronto en todo el cogollo de la ciudad. Se sube por un parque dejando a un costado el enorme teatro de la Opera y ya estamos en todo el turisteo. La ciudad es totalmente diferente de las demas, aquí se nota mucha más vida, los turistas lo invadimos todo y eso que estamos a finales de septiembre. Dicen que es, con mucho, la ciudad más hermosa de POLONIA, pero no sabría muy bien por cual decidirme de todas las visitadas a excepcion de POZNAN.

















Como contamos con tres días más en la ciudad, hoy nos dedicamos a dar un paseo y conocer la parte de la Ciudad Vieja.
Llegamos hasta un tramo de murallas donde se encuentra la Puerta de San Florian de la que, tras una pequeña plaza con una estatua de Mercurio, parte la Ulica Florianska, primer tramo de la antigua Calle Real que cruza el centro de la ciudad hasta el Castillo.





















 Palacetes a un lado y otro de la calle, hermosos edificios y una gran animación, un hormiguero de gentes que paseamos admirando todo. La calle se abre en la enorme y bellísima Plaza del Mercado, ocupada en el centro por el antiguo Mercado de los Paños, ahora lleno de locales de recuerdos para turistas, con la torre del viejo Ayuntamiento tras ella.



 
 
 
 
Una pequeña iglesia barroca en el otro extremo y en uno de los ángulos de la plaza, presidiendo todo el conjunto, se elevan las dos altas torres de la Iglesia de Santa María, el templo tal vez que más me gustó de todo el viaje.
Todo el perímetro de la plaza está formado por palacios y más palacios del XVI y XVII, cuyos bajos están ocupados por cafés en cuyas terrazas se puede uno sentar y sentir la vida de la ciudad.






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Hicimos el habitual vídeo vacacionero en mitad de la plaza sin preocuparnos por la gente de alrededor y  después nos sentamos a tomar una cerveza. Pero como la primera prueba fue bastante desastrosa nos animamos a repetir una segunda, igual de desastrosa que la anterior, pero algo más fluida.




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Hasta ahora no he hablado de los precios, pero este país todavía es barato para nosotros. Una cerveza de medio litro en una de estas terrazas no llega a los dos euros y lo mismo sucede con los restaurantes. Por un promedio de 20 euros cenamos bien y siempre en restaurantes buenos, sin necesidad de mirar la pela. Nos comentó un español que hay mucho personal en hotelería, casi todos estudiantes jóvenes que cobran un euro por hora trabajada pero que sobreviven gracias a la cuantía de las propinas.





Intentamos entrar en Santa María pero había culto y no pudimos pasar. Esa es otra circunstancia que advertimos: el peso que tiene la iglesia católica en el pais. Las iglesias están llenas de fieles a cualquier hora y vi cosas que ya no había visto desde crío: gente de rodillas rezando en cualquier parte o colas de personas haciendo turno para confesarse. Y la unión entre Iglesia y la bandera polaca o la vaticana. Sin embargo encuentras sex shops por todas partes y un local de go-gos cuyos neones se reflejan en los muros de la iglesia de enfrente.





Seguimos callejeando un rato y nos fuimos a cenar. En uno de los restaurantes recomendados en la guía, " el Jadlo ", en la úlica Sw. Jana, a pesar de estar situado en plena zona turística comimos muy bien. Menos mal que la carta estaba elaborada con fotos de los platos, pues todos los días pedíamos al albur.  " Soup ", sopa, " duck ", pato, " beef ", ternera pero sin tener ni puñetera idea de como podría estar condimentado. Aunque siempre acertamos.


 
 Volvimos a pedir la sopa de centeno y salchichas servida dentro de una hogaza de pan, muy especiada y seguimos con un buen cerdo asado. Las cervezas de rigor y después volvimos a sentarnos en un café de la plaza a tomar un helado. Despacito, con la tripa llena y la cabeza a rebosar de imágenes, volvimos al hotel. Tras tantos días de desayuno en los buffets de los hoteles y las cenas a base de carne y cervezas, si nos hacen un control analítico seguro que se disparan todas las alarmas.
Y al hotel, que es hora de dormir.




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