jueves, febrero 02, 2012

Don Emilio Zapatero


No sé sabe por que asociación de recuerdos o por que cruce de neuronas que inesperadamente te vienen a la memoria personas que has conocido hace decenas de años y que estaban en el cajón del olvido y ahora reaparecen como si pidiesen que hablases de ellas. Ya sabes, la teoría de que las personas no han muerto mientras alguien las recuerde es muy atrayente para nosotros y ahí andamos, mirando cada noche a las estrellas que brillan en el cielo pensando que en ellas están nuestras personas queridas.
Eso me ha sucedido ahora con Don Emilio Zapatero Ballesteros. Don, porque seguro que ya nació así, con ese título académico, con bata blanca y fonendo colgado del cuello. Fué un excelente médico y catedrático de Microbiología e Higiene en la facultad de medicina de Valladolid y el paraninfo donde impartía sus lecciones se abarrotaban de gente, no en busca de su sabiduría, que seguro que era mucha, sinó para oir sus chascarrillos, su charla galdosiana que convertía las clases en un diversión asegurada.




Hacía siempre su entrada en clase como si fuese una procesión encabezada por el bedel vestido con bata azulona galoneada y que era el encargado de limpiar concienciudamente la enorme pizarra y que siempre decía con voz campanuda cuando ibas a preguntarle algo a su chiringuito " don Emilio y yo opinamos....", mientras ponía la mano con disimulo para que dejásemos en ella algunas pesetas. Tras él iban la corte de adjuntos y de " mangutas ", así se llamaban a los alumnos y médicos recién terminados que chupaban rueda para conseguir estar cerca del dios-catedrático, con ánimo de trepar en el difícil entramado de la docencia. Uno de ellos era capitán médico y acudía a clase con el uniforme militar bajo la bata blanca y era conocido por " el bikini " porque se decía que enseñaba todo menos lo substancial. El otro adjunto era un chuletilla medio loco que pasado el tiempo heredó la cátedra.



Tras la puesta en escena comenzaba su actuación don Emilio cruzando de un extremo a otro el amplio estrado situado entre la pizarra y los asientos. Persona pequqña de talla, con una tripa prominente, cuando caminaba con las manos en la espalda, parecía la proa de un buque rompehielos. Pelo engominado y repeinado hacía atrás, lentes dorados y una voz campanuda que se oía sin dificl hasta las últimas filas del anfiteatro, iba desgranado sus anécdotas entremezclada con el tema del día .
Como la bronca que tenía montada con Fleming al que acusaba de habérsele adelantado de modo poco limpio con el descubrimiento de la penicilina que, según afirmaba y estaba dispuesto a aportar pruebas, él había encontrado antes pero que, debido a las penurias de la postguerra enpañola y a las envidias de las otras potencias contra España, habían postergado a favor del hijo de la Gran Bretaña.



Pero esto no le impedía contar sus peripecias por el Madrid nocturno a donde viajaba financiado por las gentes de posibles para comprar antibióticos de contrabando en el local de " Chicote ", mientras alternaba con todo el puterío fino de la capital y, cuando contaba esto, ponía una especial cara de pícaro donde se alternaba con todo el puterio fino de la capital y allí entre coctel y toqueteo de toda nalga que se pusiera a tiro, sacaba con disimulo los billetes del bolsillo interior de la americana y, pasándolos con una mano por debajo de la mesa, con la otra recogía el precioso paquete que salvaría más de una vida.



Tal vez lo que más le gustaba repetir, poniendo si caba una voz más seria y campanuda de lo habitual, que todas las mañanas mientras desayunaba, leía con atencíón todas las esquelas de defunción que publicaba el diario de la ciudad porque " no hay unas ituación más desagradeble y con menos tacto en la vida que llegar a una domicilio para ver com o va el enfermo y tener que dar el pésame a la familia ".
Lamentablemente se jubiló cuando yo estaba en segundo curso y no pudimos disfrutar más de sus clases. El pelele que lo sucedió al frente de la cátedra no servía ni para coserle un botón de la bata.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Ese era mi abuelo ¡¡

Pedro Dorado Montero dijo...

Somos de la familia de Emilio zapatero y hemos intentado localizarle, para agradecerle su post y darle cuenta del que hemos abierto sobre nuestro abuelo, contacte por favor Luis.ArroyoZapatero@uclm.es