martes, enero 18, 2011

Según dicen, estas cosas nunca han pasado


I. En el lejano y a la vez tan presente otoño del 36, los ojos asustados de una niña de apenas seis años de edad, contemplan desde la ventana de la alcoba de sus padres como allá, en la parte alta de la calle, unos vecinos del pueblo a los que siempre había considerado buenas personas y a las que había visto a la salida de misa mayor o tomando un porrón de tinto a la fresca delante de la tasca, meten a empujones al Damián en una vieja camioneta entre los chillidos de su mujer y el lloro asustado de sus hijos, mientras lo golpean en el lomo con las culatas de sus escopetas de caza.
Cuando el vehículo arranca, asoma una mano entre los tablones de la camioneta y diciendo adios a los suyos, parece moverse como el ala de una paloma herida hasta desaparecer a lo lejos, entre el polvo del camino.
Dese el siguiente año en las afueras del pueblo, en el camino que bordea el río, ha brotado una retama que crece año tras año con más fuerza que la de los alrededores. Y los vecinos que labran esas tierras, al llegar a ese punto, lo bordean dejando como un islote agreste entre los surcos bien alineados.



II. Por aquellas fechas, en un lugar bien distante, un corro de crías se divierten recogiendo cascos de botellas que rellenan de arena y de piedrecillas en el pedregal del río. Despues van en tropel saltando como cachorrillos hasta el puente que cruza la vía del tren en las proximidades de la estación. Y allí se sientan sobre la hierba del talud hasta oir el agudo silbido que indica la aproximación de un convoy. Entonces se ponen de pié, agarran cada una su botella y empinándose sobre las puntas de los piés, con las lenguas asomando entre sus dientes, esperan a que el tren pase bajo el puente. Cada una suelta su carga que baja como una bala, mientras gritan " mueran los rojosssssss " riendo como posesas sin importarles que puedan recibir el regalo sobre sus cabezas.
De pronto aparece Xoanón el guardabarreras, un viejo tuerto con el cuerpo como un garabato que con una tranca en la mano espanta a las mocosas y acaba con su diversión, haciéndolas huir en desbandada. Más tarde, durante la cena, Rosiña cuenta entre hipos lo sucedido a su hermano mayor antes de que este se vaya a echar la partida de tresillo en el casino de la plaza.
A medianoche un coche se planta ante la caseta del guardabarreras, dirigiendo las luces hacia la entrada. Xoanón sale en calzones a ver lo que pasa pero no llega a enterarse pues dos rosas de sangre comienzan a crecer en su pecho mientras cae desmadejado al suelo ante el umbral de su casa. Ya más tarde, de vuelta a la sala de juegos del casino, el hermano de Rosiña alardea de un reloj de bolsillo que, manchado de sangre seca en los bordes, tiene una X grabada al dorso.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

y dices que nunca pasa esto ja ja ,crudo pero real si señor me ha gustado.

Carmela dijo...

Excelente!
Realmente muy bien narrado.
Así fue.
Así volvería a ser.
Lamentablemente.
Parece un testimonio histórico.
Es un cuento de trama abierta.
Deberías escribir la segunda parte para enfocar el tema de la impunidad.
Un gran abrazo!

El oso blandito dijo...

Hola!!!
desde luego que no paras. Es cierto que la historia se deja a merced de una dulce venganza... venga!!!

CALAITA dijo...

hola cal real como la vida misma, mis padres nos contaban a mis hermanos y a mi cosas asi de cuando la guerra, y cuando me siento en algun banco donde hay algun anciano solo me queo hablando con ellos me encantan como me narran sus cosas algunos perdieron mucha familia feliz dia besitosss

cal_2 dijo...

pienso que si olvidamos el pasado estamos concenados a no ser nada. Y por desgracia, es lo que hacemos con más fuerza, OLVIDAR.