domingo, enero 30, 2011

De un poema leido en el Metro


De un poema de Juan Carlos Mestre leido en el Metro de Madrid. " La casa roja "

El reloj de bolsillo de mi abuelo era un viejo roskoff de plata que tenía finamente grabadas en la tapa las iniciales E. P. rodeadas de una corona de hojas de parra, que cuando se levantaba dejaba aparecer la esfera con el cristal siempre empañado como si una fina lluvia bañase su superficie. Mi abuelo decía que eso se debía a que una legión de diminutos hombrecillos se afanaban en el interior del reloj regando la placa de metal con unas regaderas de plata más diminutas todavía que ellos para que creciesen sin parar los segundos que conformaban la vida y que nuestros ojos, acostumbrados a mirar sin ver, no eran capaces de apreciar, al tiempo que otro grupo igual de numeroso de diminutos seres se encagargaban de mover siempre al mismo ritmo las agujas al compás que marcaba el tic-tac del reloj. Cada noche el abuelo Emilio, después de introducir la dentara postiza en el vaso de agua que tenía en su mesilla, daba cuerda parsimoniosamente a la cebolla del reloj para asegurarse de que los hombrecillos no parasen ni un momento, en especial durante su sueño, de regar con sus regaderitas de plata para que no cesasen de crecer segundos, todos los segundos de su vida.
Un día mi madre se extrañó de que el abuelo no saliese a desayunar a la hora habitual. Al correr las pesadas cortinas rojas entró la luz del día. En la cama el abuelo parecía dormir-sin dormir plácidamente. Sobre la mejilla estaba el reloj con la esfera seca por primera vez y desde el vaso con agua la dentadura del abuelo trenzaba una sonrisa sin vida.

2 comentarios:

CALAITA dijo...

hola cal una historia con un final triste pero cada segundo de nuestra existencia es uno menos para dejar de existir muchas gracias por venir a mi rinconcito quise agregarte pero la verdad que lo intente pero no me da resultao hago algo mal y no te veo en esos poquitos amigos que tengo en el blog ya que cerraré dentro de naita calaita lo lamento ser tan torpe besitoss

Anónimo dijo...

como dice calaita truste pero que es la vida mas que una tristeca tras otra bueno y alguna alegria pero de todos los modos bonito como casi siempre