martes, enero 20, 2009

El niño azul de la luna


El niño azul de la luna abre la ventana de su palacio y se sienta en el alfeizar con las piernas colgando en el vacío. Se apoya en el marco con desgana y hurga en su bolsillo en busca de algún caramelo pero solo encuentra una canica de plata. La hace saltar sobre su mano derecha varias veces hasta que se escurre entre sus dedos y se pierde en el cielo. Los astrónomos del observatorio de Monte Carmelo en la ciudad de Pasadena observan con estupor la aparición de un cometa que cruza el cielo majestuoso y que hasta entonces no habían catalogado.
El niño azul de la luna se encuentra muy aburrido porque ya no recuerda cuando fue la última vez que pudo mantener una conversación con otra persona. Desde que su cohete se estrelló hace muchos años en el ojo derecho de la luna no ha cruzado más que palabras sueltas con algún meteorito despistado que pasó ante él. Estira sus brazos hacia arriba con fuerza y suelta un hondo suspiro mientras se despereza, ronroneando como un gran gato de angora. Los empleados del Servicio Nacional de Meteorología de Francia no encuentran explicación al brusco vendaval que ha arrancaddo con fuerza el pináculo de la torre Eiffel, mientras las palomas del parque de Luxemburgo se dan cuenta con estupor de que ahora picotean en la Plaza de San Marcos de Venecia con gran enfado de sus colegas venecianas.
El niño azul de la luna se vuelve hacia atrás y recoge el enorme libro blanco que ha dejado en un taburete. Le cuesta moverlo pues es muy pesado y el simple hecho de abrirlo lo deja casi sin fuerzas. La luz no es muy buena y apenas seguir los renglones escritos, así que lo cierra de un manotazo provocando que se desprendan todas las letras. Esa tarde inexplicablemente, a pesar del tiempo tan apacible, una repentina tormenta de un extraño granizo negro arrasa toda la cosecha de trigo de los valles de Ucrania.
El niño azul de la luna se quita su capirote azul cuajado de minúsculas estrellas doradas y lo deja a su lado. Mete en la boca una piedrecita azul recogida en los lagos de la luna y comienza a canturrear mienstras mece suavemente sus piernas lo que hace que se desprendan las minúsculas estrellas que constelan sus pantalones de seda azul. Esa noche se produce la más maravillosa lluvia de estrellas fugaces que se ha visto en las últimas décadas y que supera con creces a la de la noche de san Lorenzo y todos los niños del mundo agotan la reserva de deseos para pedir al paso de las estellas fugaces.
El niño azul de la luna recoge su capirote del suelo, se lo encasqueta firmemente y se levanta porque ya es hora de irse a dormir. Tal vez lo que más extrañe en el mundo es la voz de su madre diciéndole que es tarde y se acueste ya.

3 comentarios:

relatosweb dijo...

sabes una cosa?...a mis alumnos hoy les he leído el capítulo V (el de los baobabs) de ese principito vestido de azul ... el VI, para mañana, cortito, para que no se me duerman.
...a ver cuando saco tiempo para escribir más tranquilo.
Uno de los objetivos de este año...es colgar por lo menos, un relato semanal...y voy a intentar ser tozudo.
:D...siga Vd deleitando

robert dijo...

Carlos, sos un genio, ese relato me encantó, ya se lo leeré a mi hijo Roberto Carlos. Estoy muy contento de conocerte. Enorabuena guapo y seguí escribiendo cosas tan bonitas como esta.
Robert.

Almacero dijo...

Disfruté un par de interminable minutos leyendo tu blog. Éste y el de Amanda fueron sin duda los más deleitantes.